miércoles, 16 de enero de 2013

Cortometraje: Esclavos de ciudad


"Dicen que el estrés es un asesino..."

Cristina es una joven y alegre estudiante que lleva una vida como cualquier muchacha de su edad. Sin embargo, pronto se encuentra atrapada en una espiral de estrés y de esclavitud tejida por la ajetreada y desesperante vida que impone la sociedad. De esta forma, Cristina se convierte poco a poco en una chica egoísta y desagradable que solo tiene tiempo de pensar en el programa de las numerosas actividades que tiene que realizar todos los días. Hasta que finalmente, esta forma de vida impuesta haga de Cristina una máquina sin tiempo que dedicar a ella misma ni a los de su alrederor.

Esclavos de ciudad es una metáfora que refleja como el incesante ritmo de vida que se lleva hoy en día acaba consumiéndonos poco a poco sin que nos demos cuenta.

Este proyecto está basado en la historia de "Esclavos de ciudad", un relato que se puede encontrar en este mismo blog. Su realización se ha llevado a cabo gracias a mis compañeras: Soraya Pedrero, Marta Marinero, Paula Zurimendi y Alba Rodríguez.

 

sábado, 8 de diciembre de 2012

Por mi anhelo y tu ausencia


 

Silencio de palabras sepultadas

tras las puertas de los labios taciturnos.

Hondo suspiro del dichoso anhelo

que eterna hace la insufrible espera.

Soledad profunda entre las sábanas

de blanco inmaculado manchado de lágrimas.

Pesar de la amarga ausencia

que lejos de mitigar el recuerdo alienta.

 

¡Ay!

Amenaza de las fauces abiertas

por las que ruge el monstruo de la tristeza.

Fantasma del miedo que despierta

dejando a la noche en vela.

Dolor profundo que esta noche

en el lecho de mi alma se hospeda.

 

Y todo por mi dichoso anhelo

y tu amarga ausencia

 

Todo por mi dichoso anhelo

y tu amarga ausencia...

Noelia Toribio

viernes, 16 de noviembre de 2012

Esclavos de ciudad


Vídeo: Rhapsody in blue

 

 

 

La noche expira disolviéndose en el viejo humo que viste el cielo de la ciudad. Sin embargo, aún no ha desaparecido la última pincelada de la noche cuando mi despertador resuena en mis oídos insistentemente igual que una máquina del infierno: ¡riiiiiing! ¡riiiiiing! ¡riiiiiing…! Un pequeño pájaro que aún tiene el valor de vivir entre estos humos huye despavorido desde el alfeizar de mi ventana. El revoleteo de sus alas suena a libertad lejana.

 

Todavía medio dormida apago la máquina del infierno y me acurruco entre las sábanas para percibir su calor y su deliciosa suavidad, me siento como un polluelo en su nido, con la calma reposando en cada una de sus plumas… Y así me quedo un minuto, dos, tres, cuatro, cinco… Hasta que al inocente polluelo se le ocurre abrir los ojos para ver el controlado medidor de su tiempo. ¡Mierda! Llego tarde.

 

La tranquilidad se escurre como el agua entre las manos, las prisas me aprisionan y me convierten en una marioneta de movimientos rápidos y mecanizados. Hago que mis sábanas echen a volar y me incorporo tan veloz como un águila. Qué lástima que este polluelo abandone su nido para volar hacia una jaula.

 

Rápidamente me dirijo al cuarto de baño para asearme y hacer mis necesidades, después corro hacia mi habitación y me visto en menos de veinte segundos sin mirar apenas lo que me pongo, luego cojo mi carpeta, mi bolso y las llaves y salgo rápidamente por la puerta de casa con un bollo de leche entre los dientes que engullo sin saborear antes de que llegue el ascensor. Monto, doy al cero, espero impacientemente, bajo y salgo por el portal. Todo es mecánico.


 

El frescor de la mañana me pule la piel del rostro mientras corro hacia la parada del autobús pero apenas soy consciente de ello, no me da tiempo a ser consciente de ello. No sé si el día es frío o cálido, no sé si llueve o arde el sol, todo es imperceptible bajo estos humos de estrés y contaminación que organizan mi tiempo y nublan mi vista.

 

Al final consigo coger el autobús, incluso el tiempo me concede el lujo de situarme en la cola. Tomo aire mientras escucho el continuado pitido de las tarjetas de autobús que se abrasan en la máquina como si estuvieran en un microondas. No me entusiasma demasiado coger el autobús, pero reconozco que el tiempo que paso en él es el que más dedico a mi misma en todo el día. Llega mi turno, introduzco mi tarjeta en el microondas y saludo al conductor sin ni tan siquiera mirarle, su contestación es apenas un gruñido pero no le presto atención. De hecho, si al volante hubiera estado un perro ni siquiera me habría dado cuenta. Seguro que cualquier día un autobús sufrirá un fatídico accidente porque sus pasajeros no se fijaron en que el conductor había sido sustituido por un animal.

 

Mi cabeza da vueltas mientras me sumerjo en la grisácea marea de humanos robotizados, esto parece la cámara de gas de un campo de concentración nazi, tranquilamente podrían asesinarnos a todos sin que no nos diéramos ni cuenta. Un hombre trajeado y con el pelo engominado me obsequia con un tremendo pisotón, retengo una exclamación ahogada mientras me fijo en él, pero lejos de pedir una disculpa ni si quiera me dirige una mirada… Después de todo, las máquinas no tienen sentimientos… Las máquinas no tienen sentimientos… Entonces me doy cuenta de que de entre las decenas de personas que estamos atrapadas en las entrañas de este gusano de metal no hay ninguna que esté sonriendo y aquellas que intentan estirar sus comisuras lo hacen meramente por compromiso. En todos se aprecian las arrugas que la falta de tiempo dibuja en sus rostros y consumen la luz de sus ojos; hombres con maletines, mujeres con tacones, estudiantes con sus móviles, niños con sus pesadas mochilas…Todos tienen el rostro color ceniza, todos están contaminados por los humos de la ciudad, todos son iguales entre sí. De repente, me siento incómoda y atrapada en una cárcel en forma de espiral que está hecha con esclavos de la sociedad.

 

A duras penas consigo hacerme un hueco frente a la ventana para observar algo que no sean esas aterradoras máquinas robotizadas con pinta de humanos.  Desde el sucio ventanal observo el escaparate de la sociedad, una película de terror donde todos corren como ovejas. Entonces pienso que podría preguntarme qué es lo que quiero hacer hoy, pero de qué me sirviría... El mundo ha programado nuestras vidas segundo a segundo, me siento como Charles Chaplin en "Tiempos Modernos". Ahora comprendo muy bien a lo que se refería Dámaso Alonso con aquello de “Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres”… Estamos en la misma categoría que los zombis, ellos son muertos vivientes y nosotros somos vividores muertos…

 

¡Pi-pi-pi-pi! ¡Pi-pi-pi-pi! ¡Pi-pi-pi-pi! Me sobresalto. La alarma de mi reloj interrumpe mis profundos pensamientos avisándome de ya debería estar entrando en la facultad y eso que aún tengo que pasar por la biblioteca… Los músculos de mi cuerpo se tensan, el estrés colapsa toda comunicación con mi ser racional, me preparo para convertirme de nuevo en máquina, las puertas de acceso de mi mente se cierran a todo pensamiento, a mis electrónicas neuronas ya solo les importa el programa de mis actividades de hoy.

 

El autobús llega a mi parada, navego entre los caras grises, bajo y echo a correr hacia la biblioteca deslizándome por la interminable espiral de una sociedad llena de ovejas. Todos mis movimientos vuelven a ser mecánicos. Ya he olvidado el pájaro de mi ventana y mis pensamientos, me ahogo en la contaminación urbana sin saber todavía si llueve o hace sol, pero no me importa. Corro veloz por las calles como un ratón de laboratorio por un laberinto. Soy una esclava de la ciudad.

 

  

 

Noelia


viernes, 26 de octubre de 2012

Miedo



 

Miedo,

vil fantasma que estrangula mi alma

con las cadenas de la incertidumbre,

tu semilla maldita prospera

regada con agua de mis lagunas,

y tu esencia se aferra a mí

como a las ruinas se aferra la yedra.

 

¡Oh, Miedo!

Cómo alimentas la llama del dolor

de las destempladas noches en vela...

Tus tinieblas ensombrecen las luces

del pensamiento que alumbran mis pasos

y me hacen deambular con ojos de ciego errante

por la siniestra maraña de tus profundidades.

 

¡Ay, Miedo!

¡Insufrible parásito que me carcome por dentro,

deja ya de chupar la sangre de mi cordura

o juro que tomaré en mi mano el puñal de la locura

y extraeré la vida de mi alma enajenada!

 

¡Ay, Miedo!

 

Ay, Miedo...

Cómo aprisionas a los hombres

en jaulas hechas desde sus propios corazones...

 

Noelia Toribio

miércoles, 29 de agosto de 2012

La libertad se muere


 


 

La libertad se muere en la celda del olvido,

con la boca cosida y el alma encadenada.

La libertad se muere en la celda del olvido,

agazapada sobre el yugo del silencio opresivo

con los ojos vendados y el corazón encogido.


La celda, la celda tiene forma de barrotes de ventana

por donde la vida corre y pasa ¡y se desangra!

a través de los ojos que lloran y miran sin ver nada.


El yugo, el yugo tiene ojos de padre enfurecido

que con gritos de demonio encolerizado

acalla los llantos de un aterrorizado niño.


 

La libertad… ¡Yo soy la libertad esclavizada!

¡que llora y se retuerce y se desgarra!

¡mientras mira como su vida corre y pasa y se desangra…!


 

Me muero… Me muero en la celda del olvido,

con la boca cosida y el alma encadenada.

Me muero… Me muero en la celda del olvido,

agazapada sobre el yugo del silencio opresivo

con los ojos vendados y el corazón… encogido.


Noelia Toribio


 

miércoles, 18 de julio de 2012

Confesiones al mar

 

Trémulo oro del atardecer liviano

viste de gala el horizonte infinito

y encarna las aguas en reflejos de carmín,

el mar despierta de su sueño diurno

haciendo presencia de su pasión secreta

en el rojo que tiñe su azul y nácar.


 

Mis labios se encienden en la luz del ocaso,

desde sus purpúreas comisuras

brotan también susurros de mi secreto delirio

que se tornan en versos de sal y espuma

cuando la inquieta marea los arrastra

hacia el profundo corazón de las aguas.


 

¡Oh inmensidad de océano incendiado!

cuántos suspiros de amor

yacerán en el sepulcro de tus aguas

y teñirán tus olas de sangre escarlata…


 

Los colores titubean en el horizonte,

la espuma crepita en la cresta de la ola,

la voz del mar murmura en mis oídos,

la brisa marina me abraza el alma.

El mar , en nuestra intimidad,

responde a mi confesión amarga…


 

Noelia Toribio


 

lunes, 25 de junio de 2012

Versos callados




Versos callados escapan de mis pupilas

desnudos de metáforas y de rimas.

 

Son versos de aquellos

que vagan entre los susurros del viento

y acarician la piel dejando escalofríos.

Son versos de aquellos

que laten en el corazón del silencio

y alimentan a la melancólica luna.

 

Versos que mis ojos escriben esta noche,

esta noche tibia, débil, callada,

donde la locura se vuelve más loca,

donde la tristeza se vuelve más amarga...

 

Versos que pasan a tu vera, mientras hablas.

Versos que te acarician, pero no te hacen sentir nada.

Versos que no encuentran la puerta secreta de tu alma.

 

La noche está tibia, débil, callada...

Te miro, y mis ojos te lloran versos

mientras dices que no digo nada.

 

Noelia Toribio

 

jueves, 7 de junio de 2012

En el cuarto de baño



Comienzo a desnudarme con la esperanza de sentirme más ligera porque mi ropa, más que ropa, parece una armadura de una tonelada. Sin embargo, pronto me doy cuenta de que no es mi ropa lo que pesa, sino el cansancio, que se ha permitido el capricho de construir su casa sobre mis hombros descubiertos. Dicen que el estrés es un asesino, pero yo digo que el asesino son tus propios pensamientos.

 

Arrebujo toda la ropa y la tiro sobre los azulejos del cuarto de baño, por un momento me pregunto si la maraña de mis pensamientos será igual que ese tumulto. Mi cabeza es una pelota de camisetas y pantalones enrollados entre sí, la camiseta piensa que su manga es una pata del pantalón, y el pantalón piensa que su pata es la manga de la camiseta.


 

Sacudo la cabeza intentando que las prendas se aclaren y suspiro apesadumbrada. Después, miro mi cuerpo desnudo en el espejo, parece que alguien me ha recortado como a las curvas de una carreta. Y de repente me doy cuenta de que ya no soy una niña, no por mi cuerpo, sino por mis ojos. Mis ojos que me devuelven una mirada cargada de pena, de confusión, de desolación, de pesar, de miedo… De verdad que esta mirada no puede ser la de una niña, los ojos de un niño, aunque lloren, parece que van a comerse el mundo… Mi alma también está desnuda en el espejo.

 

Por fin me meto en la bañera, doy al grifo y hago que el agua salga por la alcachofa a toda potencia. Me lleva unos segundos regular la temperatura, pero cuando siento que el agua supera los 36 grados no dudo en esconderme en el interior de la pequeña cascada. El agua caliente me pone la carne de gallina, después todos mis músculos se relajan al instante mientras el agua barre la suciedad del agotamiento. Procuro mojarme bien la cabeza con la absurda esperanza de que también mis pensamientos se cuelen por el desagüe, pero al final lo único que consigo es que mi cabello se vuelva tremendamente pesado. Parece la cota de malla de la armadura del cansancio, ahora mismo hasta siento que podría romperme el cuello. Si abro los ojos, solo veo la oscuridad de mi pelo, intento apartarlo de mi vista pero mis brazos no tienen fuerza para levantarse, cuando absolutamente todo se ve negro poco se puede hacer…

 

Me siento débil, muy débil, mi cuerpo es una marioneta desnuda a la que le han cortado los hilos. Tengo la impresión de que me desplomaré de un momento a otro y, en efecto, tras taponar bañera me caigo tropezando con mis propios pensamientos. Veo el trascurso del tiempo observando cómo el agua aumenta de nivel, es tan invisible, tan imperceptible… Si me quedara dormida en la bañera quizás al despertarme descubriría que mi cuerpo ya se ha marchitado, así, sin avisar. Mis pensamientos por el contrario ya han envejecido, soy la joven más vieja de la historia.

 

Cuando la bañera se llena del todo apago el grifo con la punta del pie, entonces, todo se queda en el más absoluto silencio. Es el silencio de la soledad, únicamente perturbado por mi mente muda y la caricia de un par de rayos de luna que se filtran por la ventana. Así, en el silencio, contemplo mi cuerpo a medio estirar. Las gotas de agua resbalan por mi piel como si fuera una muñeca de plástico, me pregunto qué aspecto tendrían mis pensamientos si se encarnaran en un cuerpo.

 

Y allí me quedo, desnuda, en silencio, conmigo misma, mientras mis pensamientos me asesinan lentamente ahogándome en el baño de mis divagaciones.


 

Noelia Toribio

domingo, 3 de junio de 2012

A través de la Luna

Microcuetno finalista de la III edición del COncurso de Cuentos Bólido (Valladolid)

He descubierto los pañuelos que mi abuela utilizaba para cubrir su cabeza enferma. Estaban ocultos en el trastero entre trastos inútiles. El rostro de mi abuela era como una luna, quizás por eso tenía el poder mágico de leer los subtítulos escondidos en sonrisas que parecían felices, sonrisas como la mía... La luna brilla. Buenas noches, abuela.

domingo, 15 de abril de 2012

La bailarina de la caja de música


Dentro de la caja de música
soy la bailarina que duerme en la canción de la noche,
un silencio profundo que al sueño acuna
en su blanca partitura de notas mudas.

Una llave abre la puerta secreta del amanecer
para que los engranajes de la vida comiencen a girar.
La caja de música bosteza soñolienta
y de su boca cantarina
escapa un tímido y frágil acorde.

Poco a poco, la caja se abre del todo
como la joven corola de una hermosa flor.
Rayos de luz resbalan por su garganta musical
avivando las notas que en su interior dormitan.

Despierta la caja de música
entonando su melodía de porcelana
con lentos y delicados sonidos que a la tristeza llaman.
El afligido canto envuelve mi alma de bailarina
y con el corazón sobrecogido
bailo al son de la más bella melancolía...

Lloran las notas de música
en su triste sinfonía de cristal,
llora mi alma de bailarina
mientras procura mantener el equilibrio
en la cuerda floja que teje la vida.

Noelia Toribio

viernes, 6 de abril de 2012

El pensamiento oculto


Observo tu imagen quieta
como el reflejo azul de un rayo de luna
tu rostro se me antoja bello,
tus ojos, inmensos.
En tu cara la seriedad dibuja su rictus,
con una mano ocultas tu boca pecadora
y tus ojos apenados se confiesan al infinito.

Escudriño los rasgos de tu rostro
intentando desvelar el secreto que escondes.
Estudio cada sombra que encubre tu pensamiento,
defino cada forma que moldea tu gesto,
y hasta procuro leer las líneas que se trazan en tu piel.

¿Qué es lo que oculta la noche de tus ojos...?
¿Qué hay más allá de las lunas de tus pupilas?
(que no sé si son faros o fuegos fatuos)
¿Qué palabras hay escritas en el pergamino de tu mente?
¿Qué emociones se diluyen en la tinta de tu corazón?

Un pensamiento oculto
se agita detrás de tu frente...

¡Y no ceso de indagar en la imagen de tu rostro!
pero no sé descifrar el lenguaje de tus rasgos
ni veo más allá de las lunas de tus ojos.

¿Qué será ese secreto...
que tu mirada esconde?

¿Qué será ese pensamiento...
que se pierde en el mar de tus divagaciones?

Noelia Toribio

domingo, 18 de marzo de 2012

El resurgir




La espuma rota
libera un alarido de mil lamentos...
Voces ni vivas ni muertas quiebran el cielo
gimiendo en un dolor que es sobrehumano.

Aterrado tiembla el indómito mar,
la luna intenta ocultar su luz tras la noche
y la noche trata de ocultarse entre las brumas.

Entonces el espejo del mundo se rompe en mil pedazos
salpicando negros cristales
y de las profundas tinieblas de las aguas fantasmales
renace infernal...
¡El Barco de la Tristeza!
de timón quebrado y raídas velas.

Oh, Tripulación del Llanto que clamas tu agonía inmortal
¡más fuerte que nunca, más fuerte que nunca!
entre lágrimas que se evaporan en la gélida niebla
¡más densa que nunca, más densa que nunca!

Y yo antes vigía en busca de horizonte
mi catalejo he destrozado en las crestas del mar...
Ahora soy capitana de esta nave espectral,
un monstruo de tristeza desecho en sus lágrimas,
un monstruo de tristeza encadenado a su pesar.

¡Oh, poderoso navío de llanto y melancolía...!
solloza tranquilo en la escarcha de la ola
que ya nunca podrá capitán alguno
abatirte a cañonazos de esperanza ni alegría...



Noelia