Soy reclusa de la disyuntiva
que se abre cada día ante la grieta del espejo.
El Sí y el No.
El Sí y el No me gritan al oído y me atormentan:
No sé qué hacer.
No sé quién ser:
La frase activa o el relativo subordinado
al poder de los imperativos.
¿Quién me colocó el pie hacia donde pastan
las ovejas blancas?
Yo, que quería
construir caminos más allá de este reflejo;
que todavía quiero
construir caminos más allá de este frío espectro,
pero sigo aquí
Esperando
En la celda de la disyuntiva,
yo, que me creía fuego me miro y me descubro
humo de vela
que se extingue a cada duda y se devana pensando
en el Sí y en el No.
Y el miedo se hace hueco
con cada interrogación, con cada concepto que me asalta
en el espejo
y me divide algunas mañanas al despertar,
todas las noches al acostarme.
Para llegar siempre a la misma conclusión
que el temor hace pregunta:
No me gusta el relativo fácil,
pero cuál es el precio
por ser un verso libre.
Noelia Toribio
