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lunes, 19 de octubre de 2015

Invierno - microcuento



Cuando llegó el frío

Un señor con levita que se parece a Pushkin se arrodilla en el jardín para agitar el otoño de sus versos. Sabe que entre las hojas garabateadas de melancolía todavía queda un diente de león que enseña sus garras al frío. Lo siente. Lo busca frenéticamente. Lo rastrea como la última esperanza que precede al terror puntiagudo del invierno, pero su ansiedad le traiciona… Bajo su pie izquierdo el verano expira en el silencio de un grito. El poeta se paraliza y el frío cae sobre él como una piedra que aplasta cada uno de sus versos. Todo se congela. Ya solo queda esperar a la próxima primavera.

Noelia Toribio

lunes, 9 de marzo de 2015

En algunas noches de algunos domingos



En algunas noches de algunos domingos
la melancolía halla en mi espalda una escalera
que se esconde por debajo de mi piel
como el secreto que da luz a mi vulnerabilidad.


Y trepa desde el olvido la melancolía
hasta el refugio donde duermen sombríos pensamientos
que se abren como las flores entre la neblina
de los últimos amaneceres que escribe el invierno.


No puedo evitarlo.


A pesar de los grandes progresos
y el repudio de la constante tristeza de mis versos,
de vez en cuando, en algunos domingos,
la melancolía desliza un recuerdo por mi mejilla.


Pero no te preocupes.


Solo sucede de vez en cuando,
en algunas noches de algunos domingos,
cuando me traiciona la poesía.



Noelia Toribio

#Versato

sábado, 31 de agosto de 2013

En un puente de Venecia




En un puente de Venecia me acordé de ti.
Bajo el puente tiritaba el agua, 
porque el sol, con su reflejo, la acariciaba.
Suavemente, muy suavemente la acariciaba.
Encandilada, entonó la marea un canto de porcelana,
arrulladores susurros con los que la luz de poniente bailaba.
Lentamente, muy lentamente bailaba.

En un puente de Venecia me acordé de ti.
Bajo el puente pasaba una góndola,
sin apenas despertar al agua, con su belleza, navegaba.
Levemente, muy levemente navegaba.
En ella, dos amantes hacia la luz del ocaso viajaban,
mientras sus ojos y sus labios, entre suspiros, se besaban.
Tiernamente, muy tiernamente se besaban.

Dos lágrimas pulcras regalaron mis ojos al agua,
porque al respirar el romance, nace también la añoranza.
En un puente de Venecia, en un puente de Venecia...
Yo a ti te recordaba.

Noelia Toribio

domingo, 15 de abril de 2012

La bailarina de la caja de música


Dentro de la caja de música
soy la bailarina que duerme en la canción de la noche,
un silencio profundo que al sueño acuna
en su blanca partitura de notas mudas.

Una llave abre la puerta secreta del amanecer
para que los engranajes de la vida comiencen a girar.
La caja de música bosteza soñolienta
y de su boca cantarina
escapa un tímido y frágil acorde.

Poco a poco, la caja se abre del todo
como la joven corola de una hermosa flor.
Rayos de luz resbalan por su garganta musical
avivando las notas que en su interior dormitan.

Despierta la caja de música
entonando su melodía de porcelana
con lentos y delicados sonidos que a la tristeza llaman.
El afligido canto envuelve mi alma de bailarina
y con el corazón sobrecogido
bailo al son de la más bella melancolía...

Lloran las notas de música
en su triste sinfonía de cristal,
llora mi alma de bailarina
mientras procura mantener el equilibrio
en la cuerda floja que teje la vida.

Noelia Toribio

sábado, 19 de noviembre de 2011

Gota a gota

Mira como escapa la poesía a través de mis lágrimas...

Gota a Gota,

los versos de mis ojos se derraman...

Gota a gota,

escriben ríos de pena que por mis mejillas resbalan...




¡Oh poesía hecha de llanto!

en ti no caben las banales palabras,

brotas de dentro, muy dentro,

allá donde las palabras no alcanzan.




Allá donde no se narran historias sino sufrimientos,

de barcos de tristeza anclados en el mar,

de lunas que se rompen en la inmensidad del silencio,

de gotas de lluvia que no cesan de correr por el cristal,

de agujas rotas que ya no laten en el tiempo,

de agujeros negros que no tienen final,

de ilusiones perdidas que acaban muriendo,

de rotoños sin abrir que se marchitan en soledad,

de niños que en un instante se vuelven viejos,

de esperanzas frustradas que gritan sin parar,

de canciones sordas que se destruyen en el viento,

de pájaros olvidados que no tienen alas para volar,

de armas de realidad que fusilan los sueños...




Allá...

en ese lugar que se oculta debajo de mi pecho,

tan vacío y tan lleno,

tan grande y tan pequeño.

Allá...

donde apenas se escucha el tic-tac

de un reloj que late demasiado.

Allá...

donde surge esta poesía sin palabras

que se lee en el papel de mis ojos mojados.



Mira como escapa la poesía a través de mis lágrimas...

Gota a gota,

los versos de mis ojos se derraman...

Gota a gota,

escriben ríos de pena que por mis mejillas resbalan...

Gota a gota,

este poema se acaba...




Noelia Toribio

miércoles, 3 de agosto de 2011

El barco de la tristeza



Melancólico navío,

vas temblando entre aguas oscuras

que reflejan la incertidumbre

de la noche profunda.



Suspiras errante

hacia un horizonte sin Sol ni Luna,

mientras sollozas ante la ola

y gimes cuando el viento te sacude.



Viajo en el barco de la tristeza...

de timón quebrado y raídas velas

que flota entre las lágrimas

de la tripulación del llanto.



¡Almas perdidas en el suspiro del tiempo!

sin bandera, sin destino...

así viajan los fantasmas en este viejo navío

ya cansado de llorar.



Corsaria de las lágrimas,

atenta estoy en la cofa,

buscando un rayo de luz

en esta noche oscura.



Yo encontraré un barco con una bandera que izar,

y navegaré hacia un horizonte con Sol y Luna,

surcaré por mares de agua pura y cristalina,

y me bañaré en la felicidad y en la risa.



¡Oh tripulantes de la tristeza!

seguid cayendo por la borda

y ahogándoos en vuestras propias lágrimas...



que mientras me quede un rayo de esperanza

yo seguiré en la cofa,

y escaparé de este barco viejo

y de esta noche tormentosa...



Noelia