Miedo
Miedo,
vil fantasma que estrangula mi alma
con las cadenas de la incertidumbre,
tu semilla maldita prospera
regada con agua de mis lagunas,
y tu esencia se aferra a mí
como a las ruinas se aferra la yedra.
¡Oh, Miedo!
Cómo alimentas la llama del dolor
de las destempladas noches en vela...
Tus tinieblas ensombrecen las luces
del pensamiento que alumbran mis pasos
y me hacen deambular con ojos de ciego errante
por la siniestra maraña de tus profundidades.
¡Ay, Miedo!
¡Insufrible parásito que me carcome por dentro,
deja ya de chupar la sangre de mi cordura
o juro que tomaré en mi mano el puñal de la locura
y extraeré la vida de mi alma enajenada!
¡Ay, Miedo!
Ay, Miedo...
Cómo aprisionas a los hombres
en jaulas hechas desde sus propios corazones...
Noelia Toribio
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