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viernes, 1 de enero de 2016

Hazme el favor de ser poema



Hazme el favor de ser poema,
hazme el favor de ser poema
si la Luna me descubre los versos en su almohada,
si me besa la boca la respiración de un fantasma.

Hazme el favor,
hazme el favor de ser poema
si la vida me desliza por la vida en una lágrima,
si me descompone la noche en su partitura amarga.

Hazme el favor,
hazme el favor
si la noche me escurre el alma
de ser poema donde contenerme.


Noelia Toribio

lunes, 28 de septiembre de 2015

Auri

Auri, por Arbetta en DeviantArt
Auri, por Arbetta en DevianArt


-Tengo una manzana que piensa que es una pera -dijo sosteniéndola en alto-. Y un bollo que piensa que es un gato. Y una lechuga que piensa que es una lechuga.

-Entonces es una lechuga inteligente.

-No mucho -dijo ella con una risita delicada-. Si fuera inteligente, ¿por qué iba a pensar que era una lechuga?

-¿Ni siquiera si fuera una lechuga? -pregunté.

-Sobre todo si fuera una lechuga -dijo ella-. Ya es mala pata ser una lechuga. Pero peor aún pensar que es una lechuga.

Patrick Rothfuss
El Nombre de el Viento



Dicen que estás loca
porque afirmas que tienes una llave
que abre puertas secretas en la luna.

Dicen que estás loca
porque vives en una calle llamada Subrealidad
y todavía crees en el brillo de las libélulas.

Dicen que estás loca
porque demasiadas luces te incomodan
y prefieres el regazo de las noches sin luna.

Dicen que estás loca
porque trazas caminos más allá de tu espejo
y dices beber agua traída de las primaveras.

Dicen que estás loca
por hablar de lo que hay en lo alto de las cosas
y jugar a ser acróbata en una cuerda floja.

Dicen que estás loca
porque no tienes miedos que habiten tu mirada
y tú sonríes divertida y callada pensando...

Que tu único miedo es convertirte en aquello,
aquello que ellos llaman:
una persona cuerda.


Noelia Toribio

sábado, 11 de abril de 2015

La ensoñación

Imagen: In Dublin's fair city


En un silencio de mi medianoche
el hilo de Hipnos me descose las pestañas
y despierto paulatinamente
en las luces templadas de una nebulosa.


La noche gira y se desprende.
Mi piel azul se descubre como el epicentro
de los cuerpos perlados
que crepitan en la esfera del universo.


De repente todo se desvanece.
El sueño rehuye y mi consciencia transforma
la luz sublime de mi nebulosa
en el enfermizo tiritar de unas farolas.


La noche artificial se filtra
por los agujeros de mi persiana.


Vuelvo a la cama decepcionada
y espero a que Hipnos vuelva a coserme las pestañas,
mientras me quema todavía el recuerdo
de esa Belleza efímera de lo que parece y no es.


Noelia Toribio

lunes, 9 de marzo de 2015

En algunas noches de algunos domingos



En algunas noches de algunos domingos
la melancolía halla en mi espalda una escalera
que se esconde por debajo de mi piel
como el secreto que da luz a mi vulnerabilidad.


Y trepa desde el olvido la melancolía
hasta el refugio donde duermen sombríos pensamientos
que se abren como las flores entre la neblina
de los últimos amaneceres que escribe el invierno.


No puedo evitarlo.


A pesar de los grandes progresos
y el repudio de la constante tristeza de mis versos,
de vez en cuando, en algunos domingos,
la melancolía desliza un recuerdo por mi mejilla.


Pero no te preocupes.


Solo sucede de vez en cuando,
en algunas noches de algunos domingos,
cuando me traiciona la poesía.



Noelia Toribio

#Versato

martes, 18 de noviembre de 2014

Era 24 de diciembre

Era 24 de diciembre, por la noche. Un desierto blanco cubría las calles y las carreteras de una nieve inmaculada que solo yo desvirgaba con el sello de mis huellas descalzas. Mis botas habían acabado de desintegrarse aquella misma mañana y por más que había rebuscado otras entre la basura no había conseguido encontrarlas. Pero andar con los pies congelados era un detalle de poca importancia, ya estaba acostumbrado.


Aquella era la segunda Noche Buena que pasaba en la calle. La noche más terrorífica y bella de todo el año, en la que parecía que todos habían desaparecido de la faz de la tierra. Me gustaba pasear por la ciudad aquella noche, con la exquisita compañía de la nieve y las luces navideñas que la iluminaban de colores y recuerdos… Hasta que el maldito olor de un jugoso asado se burló de mi nariz y despertó al monstruo de mi estómago. Aquello me recordó irónicamente que mis compañeros me esperaban para nuestra cena de Noche Buena. Así que me encaminé hacia el puente, no sin echar antes un último vistazo a aquel paisaje desolado y hermoso de luces de colores, calles congeladas y voces inexistentes.


.     .     .
 


Tras arrebañar bien la última lata de conserva la conversación y las carcajadas tomaron el protagonismo junto con los rugidos de algún que otro estómago que no había quedado saciado del todo. La verdad es que se estaba bien ante el calor de la lumbre improvisada que habíamos preparado bajo el techo de nuestro puente, aunque mis pies aún seguían helados. Pero aquello era un detalle de poca importancia, ya estaba acostumbrado.


Yo todavía estaba sumergido en el recuerdo y en la belleza de la fría calle por la que había paseado cuando noté que mis compañeros tenían sus pequeños y enrojecidos ojos puestos en mí.

-Perdonadme, ¿decíais algo?- murmuré.

- Sí, compañero, te decíamos que nos contarás alguna historia… Una historia…, ya sabes, de esas que tú te inventas, de esas que escribías- respondió mi elocuente colega.

Mi reputación de escritor siempre  me precedía con mis amigos vagabundos. Eran el mejor público que había tenido nunca. Escuchaban siempre sin respirar y con atención los relatos y versos que mi mente de escritor fracasado aún tejía en los suburbios de aquella ciudad cruel y fría. Jamás podría haber negado a un público tan maravillo una petición como aquella.

-De acuerdo, está bien- sonreí a través de mi raída bufanda.


Mis compañeros se acercaron más a mí caminando con sus nalgas envueltas en mantas. Me recordaron a los siete enanitos de Blancanieves. A aquello habían quedado reducidos esos hombres entre los que había abogados, médicos o filólogos a los que el mundo había tratado mal, como a tantos otros.


Cuando todos se acomodaron (solo les faltaban las palomitas) comencé mi relato sin mayor demora que la que me llevó envolver mejor los pies en mi sucia manta. Aunque de poco me serviría eso para calentarlos, pero era un detalle sin importancia. Ya estaba acostumbrado…


.     .     .
 


Miss Acacia, de Larbesta (DeviaArt)

Ella era una ciudad en invierno. Aunque creo que no siempre fue así, no… Y a pesar de todo ello, a pesar de ser fría como el hielo, era una gran artista, desconocida, pero una gran artista. Yo iba a verla cantar y bailar cada viernes a aquel garito de poetas donde solo se escuchaba  hablar de melancolía y existencialismo alcoholizado en un constante murmullo que atravesaba las paredes del local… Hasta que ella salía a escena. Entonces todas las voces se silenciaban y todos los pares de ojos dirigían la mirada hacia el pequeño tablado que se iluminaba de cálidas luces rojizas y anaranjadas. Su figura surgía a través de una misteriosa cortina y avanzaba hasta el micrófono envuelta en su vestido rojo. En ese momento, una música alegre rompía el apesadumbrado ambiente de aquel lugar y su boca pintada de carmesí se abría en una pícara sonrisa para empezar a entonar una divertida canción al ritmo al que se movían los pliegues de su vestido… Sobre el escenario era pura alegría e inocencia, una luz sobre el oscuro y homogéneo público entre el que yo me encontraba. Era la Coco Chanel que cantaba Qui qu'a vu Coco? en el cabaret para pagarse un plato de comida.



Cuando la función terminaba, aquella cortina se la llevaba igual que la había traído, como un truco de magia. Pero yo era el afortunado que sabía donde se escondía verdaderamente la paloma antes de salir de la chistera. Después de terminar la copa yo salía del garito y caminaba hacia la parte trasera del edifico donde una puerta oxidada me daba acceso a un cruel paraíso por el precio de cuatro golpes seguidos en la entrada. Ella la abría y subíamos por unas empinadas escaleras hasta el cuartucho donde se preparaba para el espectáculo. Allí las luces de su espejo era frías y teñían su piel y sus labios de azul, incluso su vestido parecía más morado que rojo. Su boca volvía a estar cerrada y seria, siempre cerrada y seria. Allí es donde me daba cuenta de que la felicidad y el calor del escenario eran una bella máscara.


Ella me cautivaba y yo la amaba nada más que por eso. Entre las ondas de su cabello negro se perdían los problemas y las deudas que me asfixiaban. Ella y aquel cuarto eran un limbo alejado de cualquier otro mundo, y ella me dejaba formar parte de él sin más. Ella dejaba que la hablara, que la contemplara y que la amara cada una de esas noches. Aún no sé muy bien por qué. Sin embargo, ella no permitía que una pizca de mi calor entrará en su pecho. Toda ella era una fortificación, una ciudad amurallada que no dependía de nadie más que de sí misma. Una mujer que se autoabastecía para sobrevivir y se protegía para no ser dañada. Una ciudad cruel, una ciudad de hielo en la que la nieve azotaba a todo aquel que se atreviera a recorrer sus calles. Una ciudad contaminada y desgraciada en la que el dolor había cerrado cada puerta y apagado cada llama.


Supongo que siempre me ha gustado caminar sobre la nieve.


Al amanecer regresaba a mi casa esperando que aún no me hubieran desahuciado, y aguardaba al próximo viernes para volver a verla. Y allí estaba, cada semana, con su vestido rojo y su preciosa máscara. Con su falsa y pícara sonrisa y su gracioso baile. Con sus cálidas luces rojizas y anaranjadas. Con su inocencia marchita y su felicidad quebrada…


Era una gran artista, era una gran actriz.


Al acabar la función yo regresaba a la frialdad de su cobijo y acariciaba su piel azul y la boca que en escena había sido roja. Abrazarla era como abrazar el viento helado que corría las por calles de un día de invierno. Mientras, ella se mantenía fría, dolida y cruel como la mejor de las ciudades. No importaba lo que yo, un pobre vagabundo, hiciera para resucitar su verano. Estaba claro que antes de que yo llegara al interior de su ciudad una ventisca mucho más poderosa lo había arrasado y congelado todo. En ella yo solo era la triste llama de un mechero que apaga el invierno. Supongo que con eso me bastaba.


Aquel viernes 24 de diciembre por fin me echaron de casa. Era algo que sabía que sucedería, pero aún así el pánico me envolvió al verme vagar por las calles de aquella ciudad fría y despiadada. Corrí hasta la puerta oxidada en busca de aquel limbo donde los problemas esperaban a la puerta, pero nadie contestó a mis cuatro golpes. Insistí, insistí varias veces y la llamé desesperado, pero no hubo respuesta. También me habían desahuciado de mi cruel paraíso. Fui hasta la puerta principal del garito y pregunté por ella, pero nadie sabía dónde estaba…


Se había marchado. Había desaparecido con sus maletas llenas de independencia y su pecho helado.


Ese día, caminé solo y desesperado por el desierto blanco que cubría de nieve las calles y las carreteras. Era un noche terrorífica. Pero entonces alcé la vista hacia las luces navideñas y también me pareció una noche bella… Y la calma me invadió, y de repente me sentí cautivado al igual que cuando visitaba el limbo. La veía cantar y bailar en esas luces navideñas, en ese artificio dulce y falso de colores mientras su fría y verdadera esencia me congelaba en la acera de aquella ciudad helada.


Ya por entonces sentía los pies fríos, pero aquello era un detalle sin importancia, creo que ya estaba acostumbrado. Después de todo, aquella noche estaba con ella, en aquel engaño de luces navideñas y  calles congeladas. Aquella noche estaba dentro de su ciudad helada. 


Noelia Toribio 

viernes, 7 de noviembre de 2014

Hay noches...


Hay noches en las que el alma
conversa con el Tiempo
y el Tiempo se olvida de interrumpir
los pensamientos del alma.


Hay noches en las que se recuerdan
otras noches lejanas
que ahora permanecen el la misma caja
donde se arrojan los sueños.


Hay noches en las que el espejo
de la Luna nos delata
y revela a nuestros ojos con sus ojos
que la soledad está cercana.


Hay noches en las que el silencio
no habla, grita
y el vendaval de su eco desentierra
historias que se hallaban escondidas.


Hay noches que se escriben solas
y se borran cuando llega el alba.


Pero de momento...
El alma conversa con el Tiempo
y el Tiempo se olvida de interrumpir
los pensamientos del alma.



Noelia Toribio

domingo, 30 de marzo de 2014

El papel está en blanco



Acuarela "Lágrimas", de Eva Fajardo

El papel está en blanco.
El papel está en banco y mi lápiz solo teje garabatos,
sin saber a dónde ir, sin saber qué letra perfilar,
sin saber que triste verso componer en esta noche
donde la luna se apaga en su frialdad.
 

El papel está en blanco.
El papel está en blanco y mi lengua se ha trabado,
sin saber qué decir, sin saber qué callar,
sin saber qué lamento entonar en esta noche
donde el viento gime en un canto sepulcral.
 

El papel está en blanco.
El papel está en blanco y me mente se ha colapsado,
sin saber qué pensar, sin saber si esto es delirar,
sin saber qué es locura o realidad en esta noche
donde los viejos monstruos aúllan sin cesar.
 

El papel está en blanco.
El papel está en blanco y mi lápiz solo teje garabatos.
El papel está en blanco y mi lengua se ha trabado.
El papel está en blanco y mi mente se ha colapsado.
 

El papel está en blanco.
El papel esta en blanco, pero mi alma se ha desvelado,
y no sabe componer, pero sabe que los versos duelen.
y no sabe hablar, pero sabe que las palabras hieren,
y no sabe pensar, pero sabe que el sentimiento le puede.
 

El papel está en blanco.
El papel está en blanco porque la tinta aquí dentro se ha quedado,
y es tanto lo que lleva, y es tanto lo que arrastra,
que los versos no bastan para expresar en esta noche
el sentir que me desvela: este amor que me atormenta.


Noelia Toribio

domingo, 10 de noviembre de 2013

Estoy aquí, contigo




Estoy aquí, contigo, en esta noche fría de noviembre,
aunque no me veas, ni me oigas, ni me sientas.
Permanezco en el susurro del silencio que te arropa,
a la orilla de tu cama, donde el sueño te mece lentamente.

Mi mano , la poso en las tormentas de tu cálida frente,
para apaciguar las inquietudes que te desvelan.
Muy despacio, te deslizas por la tranquilidad del sueño,
mientras se calman las penas y tu tempestad desaparece...

Estoy aquí, contigo, en esta noche fría de noviembre,
aunque no me veas, ni me oigas, ni me sientas.
Soy un pensamiento oculto en el susurro del silencio
y solo deseo que esta noche duermas plácidamente.


Noelia Toribio

sábado, 24 de diciembre de 2011

Recuerdo



La noche está callada y triste,

sin vapor de nube ni estelas flotantes,

apenas la acompaña la Luna dormida

que recoge sus pensamientos de azabache.



Con timidez se filtra por los ventanales de mis sueños,

inundándome de una contagiosa melancolía

que se cuela por las puertas abiertas del silencio.

¡Oh soledad de la noche... que acompañas a mi soledad marchita!



Oscuridad, melancolía y sueños...

Te recuerdo...



Estoy callada y triste,

sin tu cálido abrazo ni tus besos flotantes,

apenas me acompaña tu guante dormido

que recoge mis pensamientos de azabache.



La oscuridad cierra mis ojos

mientras tu aroma prepara una película en la cámara de mis recuerdos...

Diapositivas mágicas de ojos nocturnos,

sonrisas de Luna, palabras dulces,

suspiros de humo, besos de aire,

caricias de pluma, susurros suaves...



Y la noche se agita en el techo de mis sueños

volando con unas alas invisibles

por la memoria viva de tu recuerdo.



La noche se agita en el techo de mis sueños

mientras yo te escribo un poema a orillas de la Luna...



Noelia Toribio

lunes, 24 de octubre de 2011

En silencio



Cenizas plateadas llueven

de las entrañas del cielo azabache.

Como gotas de agua pasan desapercibidas,

pero cuando yo alzo la mirada

hacia la luz de la noche,

siento cómo la Luna se estremece,

siento cómo la Luna se resquebraja...



¡Oh Luna que mueres en silencio!

¿quién habrá partido tu corazón de piedra?

Casi oigo tu sordo lamento

en la oscuridad del silencio,

mientras guardando tu secreto,

veo cómo sucumbes,

en silencio...



Y del silencio brota tu recuerdo,

y del recuerdo una estridente melodía,

¡música de llantos, gritos y sacudidas

que se extiende por mis venas!

que se extiende por mi venas...



¡Es mi corazón latente!

¡que llora, grita y se retuerce!

bombeando dolor y sufrimiento

en el silencio de mis entrañas,

en el silencio de mis entrañas...



Shh... calla, corazón mío,

que inquebrantable parecías

como la piedra de la Luna.

Calla...

o acabarás como la Luna de plata.



Ya con el pecho medio partido,

me asomo a la ventana.

Mis ojos miran a la Luna,

la Luna a los ojos me mira,

y guardándonos el secreto,

ambas vamos muriendo en silencio,

con un recuerdo,

ambas vamos muriendo en silencio...



Noelia Toribio

miércoles, 3 de agosto de 2011

El barco de la tristeza



Melancólico navío,

vas temblando entre aguas oscuras

que reflejan la incertidumbre

de la noche profunda.



Suspiras errante

hacia un horizonte sin Sol ni Luna,

mientras sollozas ante la ola

y gimes cuando el viento te sacude.



Viajo en el barco de la tristeza...

de timón quebrado y raídas velas

que flota entre las lágrimas

de la tripulación del llanto.



¡Almas perdidas en el suspiro del tiempo!

sin bandera, sin destino...

así viajan los fantasmas en este viejo navío

ya cansado de llorar.



Corsaria de las lágrimas,

atenta estoy en la cofa,

buscando un rayo de luz

en esta noche oscura.



Yo encontraré un barco con una bandera que izar,

y navegaré hacia un horizonte con Sol y Luna,

surcaré por mares de agua pura y cristalina,

y me bañaré en la felicidad y en la risa.



¡Oh tripulantes de la tristeza!

seguid cayendo por la borda

y ahogándoos en vuestras propias lágrimas...



que mientras me quede un rayo de esperanza

yo seguiré en la cofa,

y escaparé de este barco viejo

y de esta noche tormentosa...



Noelia

lunes, 11 de julio de 2011

La noche en tus ojos

Cuando el Sol baña tus ojos

con un haz de luz,

bailan en esos espejos

hilos de brillante cobre.



¡Pero ah, cuando apartas tu mirada

de ese sol resplandeciente...!

en tus ojos se refugia la noche

cubriendo el cobre con su manto.



Es la noche en la que se pierden los poetas,

cantando románticos versos...

Es la noche en la que se pierden los amantes,

despertando de su sueño...

Es la noche en la que en numerosas ocasiones,

yo también me pierdo...



Y al fondo, muy al fondo,

de esos oscuros ojos,

palpita la luna llena

con un destello de emoción.



¡Ah! cuando esos ojos me miran...

se cierne sobre mí la noche,

y aunque resplandezca el día,

apagan poco a poco al sol...



Es la noche que me hechiza...

Son tus ojos que enloquecen...



...Eres tú...



Noelia


miércoles, 16 de marzo de 2011

Sé de un mágico lugar...


Sé de un mágico lugar,
donde el sol duerme bajo las aguas,
y la caricia de una brisa,
riza las olas de un mar de plata.

Acompáñame
hacia ese baño de luz de luna...

Luna que despierta en tus ojos,
impregnándolos de magia y emoción...
Ojos cuya luz prende una chispa,
en mi vulnerable corazón.

¡Oh, dulce noche!

Una sola caricia,
estremece deliciosamente nuestra piel.
Un solo susurro,
nos hace liberar suspiros que vuelan.

¿Y los labios?
¿Qué ocurrirá con esos labios?

Probamos una sola gota
de esos pétalos cubiertos de rocío...
Ni una caricia, ni un suspiro,
¡una gota! ha alterado mis sentidos...

¡Oh, dulce beso!

Bebo del rocío de tus labios
¡Y la chispa se convierte en llama!
¡Y la razón a su vez se apaga!
Es una deliciosa droga que no acaba.

¡Oh, dulce locura!

Es la magia del amor la que nos lleva
donde el sol duerme bajo las aguas,
y la caricia de una brisa,
riza las olas de un mar de plata...

Noelia Toribio García

jueves, 22 de julio de 2010

La Persecución

La tensión de mis músculos era demasiado insoportable como para desobedecer la orden que la voz del instinto gritaba desesperada en lo más recóndito de mi mente… Así que sin pensarlo ni un momento más, comencé a correr hacia el interior de la oscura noche con la vana esperanza de que tan solo se tratara una horrorosa pesadilla.

De repente sentí cómo los pasos de mi perseguidor aceleraban al ritmo de los míos, estaba claro que no tenía ninguna intención de dejarme escapar. De inmediato la adrenalina comenzó a recorrer todas las venas de mi cuerpo preparándolo para lo que probablemente iba a convertirse en una carrera por sobrevivir.

La velocidad con la que se movían mis piernas me hubiera sorprendido en cualquier otra situación, pero en aquel momento me resultó insuficiente, incluso les supliqué de manera inútil que corrieran más y más rápido cuando ya habían alcanzado su límite.

Ni siquiera me fijaba por que calles y rincones me adentraba para tratar de escapar de la desconocida amenaza que me acechaba, tan sólo podía prestar atención a los potentes y rápidos pasos de mi perseguidor, que con un sonido seco parecían marcar los segundos que me quedaban de vida…

Cuando quise darme cuenta ya estaba completamente perdida…

Entonces un tsunami de horrorosos sentimientos me golpeó de lleno apaciguando todos mis pensamientos: agonía, miedo, desesperación, incredulidad, terror, desesperanza… Y es que no sólo me perseguían sino que ahora no sabía donde me encontraba, además no había ni un alma merodeando por las calles, estábamos jugando en el escenario perfecto para mi perseguidor.

A pesar de todo, con todas las alarmas de mi instinto encendidas, yo seguía adentrándome por aquel laberinto de calles como si mi cuerpo tan sólo estuviera programado para correr, para correr lo más rápido posible, pero no, no era suficiente… El sonido de sus pasos, su respiración, el roce de sus ropas se oían cada vez más cerca, y entonces me descubrí suplicando por segunda vez a mis piernas sin volver a obtener respuesta alguna mientras mi desesperación aumentaba empañando mis ojos en forma de lágrimas. Segundos después ya sentía el aliento de mi perseguidor en el cogote.

Iba a alcanzarme…

El corazón me dio un vuelco cuando ese último pensamiento cruzó por mi mente como un rayo revelador, sí, iba a alcanzarme, y no era una probabilidad sino un hecho, un irremediable hecho… Por un momento pensé en detener mi carrera, ¿Qué iba ganar de todas formas? ¿Cuatro minutos? ¿Diez?, pero mi cuerpo seguía sin detenerse, corría casi involuntariamente.

Así pues, mientras alargaba unos minutos más la espera de la desgracia, no pude evitar pensar en el titular que ocuparía la portada del periódico a la mañana siguiente. Seguramente pondría algo como “Una joven ha sido violada y asesinada la noche anterior” o “Una adolescente recibió una paliza mortal tras sufrir un robo”.

Y luego pensé en la muerte…

De pronto me di cuenta de que había llegado a parar en un parque plagado de enormes árboles, y cual fue mi torpeza que tropecé con la raíz de uno de ellos cayendo de bruces contra el suelo arenoso.

Se acabó…

En ese momento supe que había llegado mi hora, la carrera por mi vida había terminado y yo era la perdedora, siempre lo había sido. Me quedé temblando violentamente sobre el suelo escuchando la cercana y acelerada respiración de mi perseguidor. El terror paralizó hasta la última fibra de mis músculos, quise girar el cuello para divisar su rostro, quise gritar ayuda con mi última esperanza, pero simplemente no fui capaz.

Entonces, esperé a que mi perseguidor me pusiera las manos encima mientras me despedía mentalmente de todos mis seres queridos que habitaban en este asqueroso mundo plagado de injusticias…

No sé cuanto tiempo pasé temblando sobre la arena antes de que mi perseguidor comenzara a dar paseos a mi alrededor como un buitre ansioso por disfrutar de su próximo festín, tal vez segundos, tal vez minutos, se me hizo eterno de todas maneras. De pronto se paró frente a mí, no lo vi pues seguía sin poder levantar la cabeza, pero pude sentirlo. Y se quedó allí, atravesándome con unos ojos que erizaban el cabello de mi nuca, mientras en mi mente ya sólo fluía un único pensamiento “Hazlo ya, hazlo ya…”. Entonces, se agachó ligeramente para coger mis brazos y tirar de ellos para obligarme a levantar, pero mis piernas temblaban demasiado como para hacer el esfuerzo de ponerme en pie. Finalmente él tuvo que rodear mi cintura con un brazo para que yo no me desmoronara, luego se sirvió de la ayuda del tronco de un árbol en el que apoyó mi espalda. Digo “él” porque pude deducir que era un hombre cuando me estrechó contra su plano pecho, y también por los graves gemidos que soltó al intentar levantar mi pesado cuerpo.

Él me observaba sin decir palabra mientras yo continuaba sin superar mi estúpida parálisis muscular. ¿A qué estaba esperando? Entonces me tomó la barbilla con su mano libre y la elevó suavemente para poder mirarme a los ojos, de esa forma yo también pude vislumbrar su rostro del que quedé completamente prendida… Era el muchacho más hermoso que había visto en toda mi vida. Sus juveniles facciones revelaban una edad por debajo de los veinte, su tez era pálida y lisa, aunque su rostro resultaba siniestro con el resplandor de la luna llena, sus ojos eran oscuros y penetrantes, a juego con los lisos mechones que cubrían parte de su precioso rostro.

Los dos permanecimos quietos, observándonos el uno al otro con fascinación, aunque no pude comprender que veía él en mí de llamativo, la verdad es que me considero una chica bastante corriente. Tras un chequeo general, ambos clavamos la vista en los ojos del otro como si lo hubiéramos acordado previamente… Jamás olvidaré aquellos ojos, más oscuros que la propia noche pero igual de bellos que la misma, por un momento olvidé la situación en la que me encontraba y me dejé hipnotizar por aquella cautivadora mirada que nublaba todos y cada uno de mis sentidos.

Y entonces ocurrió. Sin el más previo aviso, el muchacho presionó sus labios contra los míos y comenzó a acariciarlos de una forma tan suave y delicada que todo mi cuerpo se estremeció librándose al fin de sus parálisis. La tentación de responder a su beso era demasiado fuerte, no pude resistirme a saborear sus dulces labios…

Entonces el tiempo se detuvo. Me dejé llevar por el sabor de aquel delicioso beso sin importarme el pasado ni el futuro, en ese momento sólo existíamos él, yo y nuestro beso…

Cuando nos separamos, me pareció haber despertado de un largo y profundo sueño. Al volver a la realidad recordé que aquel muchacho era un completo desconocido que había estado persiguiéndome, pero yo ya no tenía miedo. Nos miramos a los ojos de nuevo y sentí como volvía a perderme en ese par de pozos sin fondo…

El incesante sonido del despertador hizo que me incorporara estrepitosamente en la cama. Me sentía conmocionada, era una de esas veces en las que te despiertas y ni siquiera recuerdas donde estás. Pasados unos segundos me di cuenta de que me encontraba en mi dormitorio y que era hora de levantarse para ir al instituto. Apagué el despertador y me froté los ojos. Que curioso, finalmente todo había resultado ser una pesadilla que luego se había convertido en un sueño, un extraño sueño. Todavía me costaba creerlo, había sido tan real… aún me parecía sentir el calor de los labios del muchacho sobre los míos.

En fin, me encogí de hombros y me levanté para comenzar otro rutinario y aburrido día de clase. Me preparé rápidamente y me dispuse a salir de casa.

Era un día de mediados de abril. Hacía el típico fresco de por la mañana, pero los primeros y relucientes rayos del sol prometían un día caluroso. Yo iba caminando cabizbaja con una simple cazadora vaquera como abrigo mientras aún recordaba el extraño sueño que había tenido aquella noche… Al final decidí dejar de dar vueltas al asunto. Sólo había sido un sueño, muy real pero un sueño después de todo. Era una tontería seguir pensando en que se trataba de algo más que eso.

Entonces levanté la cabeza y me reí de mi absurda idea…, pero pronto esa sonrisa se congeló en mis labios…, y el corazón me dio un violento vuelco.

Unos metros más allá, un hermoso muchacho recostado contra el tronco de un árbol me observaba con unos ojos tan oscuros y penetrantes como la noche…