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viernes, 1 de enero de 2016

Si supieras

La Nave. Teatro Calderón
Si supieras...
la de versos que perdiste por mirar hacia el suelo,
no volverías...
a buscar tréboles de cuatro hojas entre los adoquines.

Si contaras las miradas que no correspondiste
por contar los chicles de fresa que había bajo tu suela.

Si conocieras el número de caminos que ignoraste
por tratar de memorizar las flechas de la calzada.

Si sospecharas cuántas lunas llenas te alumbraron
mientras tú siempre dabas por hecho que eran farolas.

Si intuyeras todas las maravillas que no advertiste
por admirar solamente el trabajo de las hormigas.

No.

No volverías...
a buscar tréboles de cuatro hojas entre los adoquines,
si supieras...

por mirar hacia el suelo, la de versos que te perdiste.


Noelia Toribio

viernes, 7 de noviembre de 2014

Hay noches...


Hay noches en las que el alma
conversa con el Tiempo
y el Tiempo se olvida de interrumpir
los pensamientos del alma.


Hay noches en las que se recuerdan
otras noches lejanas
que ahora permanecen el la misma caja
donde se arrojan los sueños.


Hay noches en las que el espejo
de la Luna nos delata
y revela a nuestros ojos con sus ojos
que la soledad está cercana.


Hay noches en las que el silencio
no habla, grita
y el vendaval de su eco desentierra
historias que se hallaban escondidas.


Hay noches que se escriben solas
y se borran cuando llega el alba.


Pero de momento...
El alma conversa con el Tiempo
y el Tiempo se olvida de interrumpir
los pensamientos del alma.



Noelia Toribio

sábado, 7 de diciembre de 2013

El camino

 

Hace tiempo…

Hace tiempo el camino era un paseo prendido del amanecer,

por sus orillas rectas caminaba sin saber que caminaba,
mirando todo, pensando en nada (tampoco en el final del camino).
Hace tiempo mis pasos eran firmes en una ruta llana,
tropezar era imposible sobre aquella tierra fina y blanca,
y si tropezaba, alguien siempre había para ponerme en pie.


Hace tiempo,
el camino era tan claro, tan recto, tan fácil…


Pero un día…
Un día el amanecer oscureció y perdí todas las luces,
dejé de caminar y descubrí que tenía que caminar,
sin ver nada, pensando en todo (también en el final del camino).
Un día el camino se curvó en todas las direcciones,
la tierra creció en rocas puntiagudas y enormes,
y tropecé mil veces, y sangré y lloré y me magullé,
y nadie vino a darme su mano para ponerme en pie.


Un día,
el camino se volvió tan oscuro, tan retorcido, tan difícil…


Ahora…
Ahora camino a tientas con los ojos cerrados para olvidar
la oscuridad que me aprisiona y la soledad que me rodea.
Ahora los ojos abro de vez en cuando y me doy cuenta
de que en realidad no los tenía cerrados y la oscuridad es real.
Entonces recuerdo cómo hace tiempo el camino fue claro, recto, fácil,
Pero un día se volvió tan oscuro, tan retorcido…


Tan difícil.



Noelia Toribio


jueves, 4 de julio de 2013

La cerveza amarga

 

Basado en un hombre que bebía una cerveza




El calor me hace sudar aunque esté a la sombra, sentado en cualquier terraza de cualquier triste bar del centro de la ciudad. La mesa que he escogido es pequeña, cuadrada y metálica, acompañada por dos sillas enfrentadas. La mitad de la mesa y la silla donde yo me encuentro están en la penumbra. La otra mitad de la mesa y la otra silla brillan al sol con un ardiente resplandor de plata. No ha sido una elección muy adecuada, pero no he tenido más remedio que conformarme con una mesa de dos sillas aunque no tenga acompañante, como todos los días, como en todos los bares, aunque busque nunca encuentro una mesa apropiada para mí, una mesa con una silla.


 



La camarera aparece a mi espalda con la cerveza que he pedido y un cuenco de patatas fritas. Lo deja todo en la mitad en sombra de la mesa y vuelve a entrar en el bar. La espuma se desborda por la jarra y las burbujas de gas bailan en la oscura bebida haciéndola apetecible. La cojo sintiendo el grato contraste entre la fría jarra y mis manos calientes. El primer sorbo también es ligeramente agradable, pero luego la jarra y mis manos adquieren la misma temperatura y mi paladar se acostumbra hasta saborear con indiferencia una cerveza amarga, demasiado amarga.




El sol alcanza su cenit de medio día y el calor aumenta. Los transeúntes van de un lado para otro buscando los rincones con sombra y el asfalto de la carretera quema como una brasa al rojo vivo. La silla de enfrente me mira vacía mientras como patatas en silencio. La cerveza ya está más caliente que fresca, ni siquiera me gusta. Sabe agria, áspera y ácida como la soledad. En un breve vistazo, observó las dos cervezas que reposan en la mesa de al lado, una mesa con dos sillas ocupadas. Son más claras que la mía y también parecen frescas y sabrosas aunque haga calor, porque los que las sostienen beben con avidez entre su conversación y sus carcajadas. Miro al frente con un suspiro y me topo de nuevo con la silla vacía y mi cerveza caliente. La silla parece reírse de mí mientras me mira y la asquerosa y oscura cerveza me recuerda toda la esencia de mi amargura.




No lo soporto más. Pido la cuenta a la camarera en cuanto tengo la oportunidad, pago y me levanto abandonando esa maldita terraza. Mañana, al mediodía, volveré a buscar una mesa con una sola silla y me beberé otra cerveza amarga.




Noelia Toribio


jueves, 7 de junio de 2012

En el cuarto de baño



Comienzo a desnudarme con la esperanza de sentirme más ligera porque mi ropa, más que ropa, parece una armadura de una tonelada. Sin embargo, pronto me doy cuenta de que no es mi ropa lo que pesa, sino el cansancio, que se ha permitido el capricho de construir su casa sobre mis hombros descubiertos. Dicen que el estrés es un asesino, pero yo digo que el asesino son tus propios pensamientos.

 

Arrebujo toda la ropa y la tiro sobre los azulejos del cuarto de baño, por un momento me pregunto si la maraña de mis pensamientos será igual que ese tumulto. Mi cabeza es una pelota de camisetas y pantalones enrollados entre sí, la camiseta piensa que su manga es una pata del pantalón, y el pantalón piensa que su pata es la manga de la camiseta.


 

Sacudo la cabeza intentando que las prendas se aclaren y suspiro apesadumbrada. Después, miro mi cuerpo desnudo en el espejo, parece que alguien me ha recortado como a las curvas de una carreta. Y de repente me doy cuenta de que ya no soy una niña, no por mi cuerpo, sino por mis ojos. Mis ojos que me devuelven una mirada cargada de pena, de confusión, de desolación, de pesar, de miedo… De verdad que esta mirada no puede ser la de una niña, los ojos de un niño, aunque lloren, parece que van a comerse el mundo… Mi alma también está desnuda en el espejo.

 

Por fin me meto en la bañera, doy al grifo y hago que el agua salga por la alcachofa a toda potencia. Me lleva unos segundos regular la temperatura, pero cuando siento que el agua supera los 36 grados no dudo en esconderme en el interior de la pequeña cascada. El agua caliente me pone la carne de gallina, después todos mis músculos se relajan al instante mientras el agua barre la suciedad del agotamiento. Procuro mojarme bien la cabeza con la absurda esperanza de que también mis pensamientos se cuelen por el desagüe, pero al final lo único que consigo es que mi cabello se vuelva tremendamente pesado. Parece la cota de malla de la armadura del cansancio, ahora mismo hasta siento que podría romperme el cuello. Si abro los ojos, solo veo la oscuridad de mi pelo, intento apartarlo de mi vista pero mis brazos no tienen fuerza para levantarse, cuando absolutamente todo se ve negro poco se puede hacer…

 

Me siento débil, muy débil, mi cuerpo es una marioneta desnuda a la que le han cortado los hilos. Tengo la impresión de que me desplomaré de un momento a otro y, en efecto, tras taponar bañera me caigo tropezando con mis propios pensamientos. Veo el trascurso del tiempo observando cómo el agua aumenta de nivel, es tan invisible, tan imperceptible… Si me quedara dormida en la bañera quizás al despertarme descubriría que mi cuerpo ya se ha marchitado, así, sin avisar. Mis pensamientos por el contrario ya han envejecido, soy la joven más vieja de la historia.

 

Cuando la bañera se llena del todo apago el grifo con la punta del pie, entonces, todo se queda en el más absoluto silencio. Es el silencio de la soledad, únicamente perturbado por mi mente muda y la caricia de un par de rayos de luna que se filtran por la ventana. Así, en el silencio, contemplo mi cuerpo a medio estirar. Las gotas de agua resbalan por mi piel como si fuera una muñeca de plástico, me pregunto qué aspecto tendrían mis pensamientos si se encarnaran en un cuerpo.

 

Y allí me quedo, desnuda, en silencio, conmigo misma, mientras mis pensamientos me asesinan lentamente ahogándome en el baño de mis divagaciones.


 

Noelia Toribio

domingo, 26 de febrero de 2012

Frente a la ventana





Frente a la ventana mis ojos suspiran al reflejo del atardecer. Un pequeño respiro tras toda una jornada de trabajo fabricando lágrimas que ahora se ocultan secas en mis mejillas. Calma, un poco de calma y soledad infinita.


Observo a través de la reja de mi ventana como se mueven en los árboles esas hojas que han aguantado todo el invierno sin caer. Veo como el viento las sacude impertinente tratando de arrancarlas y tras darse por vencido lanza una patada enfurecida a los cristales de mi ventana. Veo como navegan las nubes por un cielo incendiado que se apaga poco a poco en la marea nocturna. Veo a niñas de catorce años que ríen y gritan juntas como si fueran a comerse el mundo. Veo parejas jóvenes y no tan jóvenes que bien podrían dar un traspiés en cualquier momento por no dejar de mirarse a los ojos en vez de mantener la vista al frente. Veo matrimonios con hijos pequeños que hacen travesuras a sus espaldas. Veo a un perro encadenado que ladra reivindicando su libertad; él ladra encadenado y yo escribo tras la reja de mi ventana de cristal. Veo como discurre la vida sin vivirla, veo como discurre el tiempo al igual que el que ve pasar un tren desde una estación en la que ya no volverá a pasar ninguno más.


La marea nocturna por fin se avista alta y las farolas de encienden como faros detectando la noche. Oh, noche..., noche envuelta en la locura, noche de mis recuerdos, noche incandescente, noche dolorosa, noche donde la soledad se hace aún más inmensa.


Una farola tintinea al ritmo al que late mi corazón: tin-tin, pum-pum, tin-tin, pum-pum, tin-tin, pum-pum... Y de repente la farola se apaga por completo, y de repente mi corazón hace crash.Un rugido sordo resuena en mi interior y en mi boca se transforma en lamento. Es el monstruo de la agonía que se despierta tras haberse echado una siesta en mis entrañas. Entonces el monstruo, hambriento de dolor, desgarra con sus colmillos a mi pobre corazón, que sangra, sangra y sangra inundando mi alma de la más absoluta de las angustias. Trato de recoger parte del fluido con un pequeño cubo en el que pone "Esperanza" como el navegante que intenta evitar que su bote se inunde, pero no es suficiente, pero no es suficiente, el mar tiene demasiada agua y mi corazón llora demasiada sangre. Finalmente mi ser se ahoga en el sufrimiento y la maquinaria de mis ojos vuelve a ponerse en marcha. Se acabo el descanso, es hora de fabricar más lágrimas.


Noelia Toribio

lunes, 22 de agosto de 2011

Desde el rincón




Escondida en un rincón de la oscuridad,

me consuelo entre mis propios brazos,

mientras por mi mejilla resbalan lágrimas muertas

que desembocan en el pozo de mi amargura.



Mi cuerpo tiembla y se tensa,

la congoja estrangula mi débil corazón,

y de mi garganta anudada sólo nacen gemidos

que se pierden en el silencio de la soledad...



Poco a poco,

voy haciéndome pequeña e invisible

tras esa leve sonrisa que no enciende mi mirada...

Poco a poco,

el oscuro vacío de mi alma crece

como esos que se abren en la inmensidad del universo...

Poco a poco,

algo en mi interior se desgarra

y me mata, me va matando... poco a poco...



Y aunque no lo quiera vuelvo a sospechar...

que el mundo es cruel y absurdo,

que los sueños son vanas esperanzas,

y el amor sólo un invento de poetas.



¡Oh, oscuro agujero de tinieblas...!

que guardas frío, dolor y soledad,

una tremenda soledad...

¿Cómo puedo coser esta herida de mi alma

y reparar las sonrisas para que iluminen mi mirada?



¡Oh, agujero de tinieblas!

me lo has quitado todo...
y ya no creo en nada...

Me has convertido en una joven "poeta"

que ya sólo sabe escribir versos tristes

desde este rincón de la oscura soledad.



Noelia Toribio

domingo, 1 de mayo de 2011

Negro

Un día puede que te vayas a dormir pensando que tu vida es perfecta, o por lo menos que no llevas una mala vida... Sabes lo que quieres, lo que has hecho bien y lo que has hecho mal, sabes quienes son tus amigos, tus enemigos y tus simples compañeros. Sabes lo que quieres hacer en un futuro y ves un camino claro por recorrer delante de ti.

Pero... ¿y si a la mañana siguiente te despiertas sin ver, completamente cieg@... y ya no sabes tan siquera ni donde te encuentras...? No sabes de quien puedes fiarte, no sabes qué personas merecen la pena y cuales no... no sabes si tú mereces la pena... Ya no tienes claro donde y con quien debes estar... no eres capaz de descifrar lo que quieres o lo que sientes en realidad... Todo está oscuro y borrado por una confusa niebla que difumina tu camino poco a poco... Entonces sientes esa frustración en lo más recóndito de tu alma, no sabes nada... la respuesta de todas las preguntas que cruzan por tu mente es "no sé, no sé y no sé..."

Quizá parezca improbable que todo esto pueda llegar a ocurrir de la noche a la mañana... ¿Pero te has parado a pensar alguna vez en la mínima posibilidad de que así sucediera...? ¿De qué un día al levantarte lo vieras todo negro...?

Puede ocurrir, tu vida puede cambiar incluso en menos tiempo que en una noche, un minuto, un segundo, un instante basta... Es el capricho del azar que nos zarandea por un mundo que creemos conocer cuando en realidad nos es completamente desconocido.

Sin embargo no debes preocuparte, es cierto, nunca sabremos donde podremos acabar, puede que llegué el día en el que los cimientos de nuestro estudiado mundo se vengan abajo con un sólo soplido de aire. Pero siempre debes tener la certeza de que en medio de esa negrura, de esa confusión, siempre habrá una luz, siempre, por lo tanto, sólo tenemos que saber buscarla para salir de esa oscuridad y construir un nuevo edificio, ¿Quién sabe? Puede que este no se derrumbe y sea el definitivo.

viernes, 22 de mayo de 2009

Más allá



Más allá

Perdida entre la multitud,
alejada de este lugar,
alejada de este mundo,
más allá, mucho más allá...

Oigo apenas los susurros,
que susurran a mi espalda,
sonidos que no entiendo,
indescifrables palabras.

No sale nada de mi boca,
mis ojos casi no ven,
detrás de mi mundo en verso,
detrás de este rasgado papel.



Comienzo a distinguir,
desde mi cobijo invisible,
sombras desfiguradas,
para ellas mi alma no existe.

Más allá de este mundo,
más allá de los planetas,
más allá del infinito,
más allá de las estrellas.

Más allá, mucho más allá...

¿Dónde está mi lugar?
Aquel al que pertenezco,
porque yo no soy de este mundo,
porque en él nada comprendo.

Perdida entre la multitud,
sigo buscando sin cesar,
el lugar de donde vengo,
más allá, mucho más allá...

Noelia