Luna llena,
siento que tus ojos me observan
a través de un velo que se ha vuelto invisible.
Tengo miedo,
miedo de mirar tus ojos nocturnos
y perderme en ellos como otras tantas veces...
Alzas la mano,
y retiras el velo invisible,
no sé si te das cuenta, pero lo retiras.
Tocas mi mejilla,
y me regalas una caricia
que corta como el puro cristal...
Y sangro...
con cada roce de tus sueves dedos,
rasgas mi alma en pedazos,
y sangro...
aunque tú no lo veas, sangro,
aunque tú no lo veas...
Me convierto en estatua de mármol
mientras me sumerges en la carcel de tus brazos,
no sé moverme... no sé escapar...,
incluso se me ha olvidado hablar.
Y me pregunto donde estará esa fuerza de voluntad
que parecía inquebrantable,
inquebrantable...
Acercas tu rostro a mi rostro,
con esos ojos...
y me dices que estoy hermosa,
pero sé que sólo soy una máscara de piedra
de mirada temerosa
que oculta roja sangre y ardiente dolor.
Luego un beso vacío
que aguardaba la medianoche,
que no sé por qué me das...
que no sé por qué respondo...
si se clava en mí como espinas de la verdad,
que me azota a latigazos.
Luna llena...
sé que no quieres hacerme daño.
Noelia Toribio