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lunes, 14 de septiembre de 2015

Pequeña inspiración


Caminante entre aguas dulces,
escribes con los remos un pentagrama azul.
Melodía de navegante errante,
que no busca los comienzos de la aurora en la bruma.
Se conforma con acariciar
con los dedos de su canto la tímida huella de una náyade.

Noelia Toribio

miércoles, 3 de abril de 2013

Urano y Gea


Perenne morada de rebosante vida

es mi cálida piel de bronceada tierra

donde, en las llanuras de mi ancho pecho,

se yerguen las cumbres de las montañas pétreas.

Desde allí te observo, ¡oh, Cielo mío!

en los cristales de las alturas etéreas,

donde aguardas a las almas que se elevan

cuando su carne se consume en mi tierra.

 

 

Eres la oscura y penetrante belleza,

tan extensa como la infinidad entera,

tan sublime como el verso de un poeta.

Eres la perfecta mezcla del Amor y las Tinieblas

y solo la intangibilidad de tu pura esencia

es capaz de envolverme y llenarme por entera.

 

 

¡Oh, Cielo mío! Pósate sobre mi piel de arena

y con el tibio cendal que encarna tu presencia

cubre la fertilidad de mi arboleda.

¡Oh, Cielo mío! Pósate sobre mi piel de tierra

y con el Amor, la Vida y la Belleza,

crearemos el Sol, la Luna y las Estrellas.

 

Noelia Toribio

viernes, 23 de septiembre de 2011

Amor y Psique


Poema escrito a la escultura
"Amor y Psique" de Canova



De mármol vivo son sus cuerpos,

tan puros y claros como los dioses del pasado,

que con ténue fulgor del sol robado,

bañados están en blanca luz,

su única vestimenta.



Ella, hermosa amante,

esculpida tal vez por la perfección de un dios.

Él, ángel radiante,

extiende sus alas como señor del amor.



¡Cuanta ternura en el abrazo...!

que despierta de un profundo sueño,

y son mutuas las caricias profesadas

por unas manos aparentemente quietas.

Tan cuidadosamente se toman el uno al otro...

como si sus cuerpos de frágil cristal se trataran,

que con sólo una mirada, se hiciese añicos.



Y sobre esos rostros de piel de luna,

son dulces las sonrisas de los inmaculados labios,

que ocultan impacientes besos,

allá, en los confines de sus comisuras.

¡Como arden en deseo las bocas enfrentadas...!

donde crepitan esos besos de pura plata.



Pero escondida en sus ojos pétreos,

crece la agonía con el devenir de los tiempos.

¡Pobre ángel radiante! ¡pobre amante bella!

sumergidos en un abrazo eterno,

y en un beso que nunca llega...



Aquí, yo pienso entre la fascinación:

¡Ay si esos cuerpos se libraran de su marmórea prisión...!

¡Ah, dioses del pasado! decidme cómo...

¡Cómo puede una piedra expresar tanto amor!



Noelia Toribio