lunes, 24 de octubre de 2011

En silencio



Cenizas plateadas llueven

de las entrañas del cielo azabache.

Como gotas de agua pasan desapercibidas,

pero cuando yo alzo la mirada

hacia la luz de la noche,

siento cómo la Luna se estremece,

siento cómo la Luna se resquebraja...



¡Oh Luna que mueres en silencio!

¿quién habrá partido tu corazón de piedra?

Casi oigo tu sordo lamento

en la oscuridad del silencio,

mientras guardando tu secreto,

veo cómo sucumbes,

en silencio...



Y del silencio brota tu recuerdo,

y del recuerdo una estridente melodía,

¡música de llantos, gritos y sacudidas

que se extiende por mis venas!

que se extiende por mi venas...



¡Es mi corazón latente!

¡que llora, grita y se retuerce!

bombeando dolor y sufrimiento

en el silencio de mis entrañas,

en el silencio de mis entrañas...



Shh... calla, corazón mío,

que inquebrantable parecías

como la piedra de la Luna.

Calla...

o acabarás como la Luna de plata.



Ya con el pecho medio partido,

me asomo a la ventana.

Mis ojos miran a la Luna,

la Luna a los ojos me mira,

y guardándonos el secreto,

ambas vamos muriendo en silencio,

con un recuerdo,

ambas vamos muriendo en silencio...



Noelia Toribio

domingo, 2 de octubre de 2011

Sueños


Tinta,


ríos de tinta borbotean entre mi sangre,

inundados de historias y maravillas

y de sueños que laten y de cosas imposibles

que galopan por las entrañas de mis venas vivas...

Navegar el mar del ocaso

en un barco sin velas pintado por Dalí,

perderme en el fuego de las aguas profundas,

hipnotizada por el canto de unas olas

donde viajen las voces de sirenas lejanas.

Construir una casa en la nube más alta,

de matices rosados pintados por el sol.

Y viajar en el viento, por el limpio firmamento

hacia el país donde desmbocan

los errantes suspiros que arranca el amor.


Cuando renazcan los pinceles de la noche,



descolgarme de la sonrisa de la luna

que tranforma las aguas el líquida plata,

y desenterras de una playa hecha de azúcar

versos ocultos de poetas nocturnos

que van dejando un camino de lágrimas.


Al resurgir el alba del eterno beso,

que el sol me brinde una lluvia dorada

y que de cada gota brote una flor

que colme mi alma vacía y desolada...


Sí... ríos de tinta borbotean de mi sangre,

inundados de historias y maravillas

y de sueños que laten y de cosas imposibles...


Sueños, sueños, sueños son,

pero permitidme soñar...

y disfrutar del corto instante

que precede el choque de la realidad.





Noelia Toribio