
Cenizas plateadas llueven
de las entrañas del cielo azabache.
Como gotas de agua pasan desapercibidas,
pero cuando yo alzo la mirada
hacia la luz de la noche,
siento cómo la Luna se estremece,
siento cómo la Luna se resquebraja...
¡Oh Luna que mueres en silencio!
¿quién habrá partido tu corazón de piedra?
Casi oigo tu sordo lamento
en la oscuridad del silencio,
mientras guardando tu secreto,
veo cómo sucumbes,
en silencio...
Y del silencio brota tu recuerdo,
y del recuerdo una estridente melodía,
¡música de llantos, gritos y sacudidas
que se extiende por mis venas!
que se extiende por mi venas...
¡Es mi corazón latente!
¡que llora, grita y se retuerce!
bombeando dolor y sufrimiento
en el silencio de mis entrañas,
en el silencio de mis entrañas...
Shh... calla, corazón mío,
que inquebrantable parecías
como la piedra de la Luna.
Calla...
o acabarás como la Luna de plata.
Ya con el pecho medio partido,
me asomo a la ventana.
Mis ojos miran a la Luna,
la Luna a los ojos me mira,
y guardándonos el secreto,
ambas vamos muriendo en silencio,
con un recuerdo,
ambas vamos muriendo en silencio...
Noelia Toribio
