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jueves, 18 de septiembre de 2014

Vacío de nadas



Vacía.
Me siento vacía.
Como el aire encerrado en la espuma
o la esquina sin pintar de un cuadro.
Vacía.
Me siento vacía.


Nada.
Ahora no hay nada.
Ni una emoción ni un pensamiento,
no urge el viento ni estalla el ruido.
Nada, ahora no hay nada,
ni siquiera quietud o silencio.


Vacía.
Me siento vacía.
No tengo amor ni dolor ni odio,
no tengo metáforas y apenas rimas.
Vacía.
Me siento vacía.


En este lugar, en este momento, en este instante,
nada me agarra, nada me atañe,
nada me rompe ni me repara,
nada me alumbra ni me oscurece.
No hay nada, ni siquiera sombras,


Vacía.
Por primera vez
me siento vacía.
Nada.
Ahora no hay nada.
Y eso...


Eso es lo más triste de todo.


Noelia Toribio

viernes, 26 de octubre de 2012

Miedo



 

Miedo,

vil fantasma que estrangula mi alma

con las cadenas de la incertidumbre,

tu semilla maldita prospera

regada con agua de mis lagunas,

y tu esencia se aferra a mí

como a las ruinas se aferra la yedra.

 

¡Oh, Miedo!

Cómo alimentas la llama del dolor

de las destempladas noches en vela...

Tus tinieblas ensombrecen las luces

del pensamiento que alumbran mis pasos

y me hacen deambular con ojos de ciego errante

por la siniestra maraña de tus profundidades.

 

¡Ay, Miedo!

¡Insufrible parásito que me carcome por dentro,

deja ya de chupar la sangre de mi cordura

o juro que tomaré en mi mano el puñal de la locura

y extraeré la vida de mi alma enajenada!

 

¡Ay, Miedo!

 

Ay, Miedo...

Cómo aprisionas a los hombres

en jaulas hechas desde sus propios corazones...

 

Noelia Toribio