Los soñadores siempre alzamos la vista al cielo cuando una ola de pensamientos nos invade. En nuestra mirada perdida se aprecia la ignorancia de los límites de lo posible...
Con nuestra mente somos capaces de alejarnos más allá del mundo, hasta llegar al lugar donde bailan las estrellas. Cada una de ellas es diferente. Las hay grandes y gloriosas, o pequeñas y simples, unas están más cercanas y otras son más difíciles de alcanzar.
Sí, los sueños son como las estrellas...
Es tan dificil alcanzarlos que a veces resultan irreales. Cada uno de nosotros sigue la luz de una estrella, muchas veces la misma representa más de un sueño distinto, y aunque los rayos del Sol la eclipsen durante el día sabemos que está ahí, esperándonos...
Por eso alzamos la vista al cielo. Cuando localizamos nuestra brillante estrella recordamos el sueño que habita en nuestros corazones.
Puede que parezca inalcanzable, pero poco a poco, a base de nuestra incesante lucha, nos acercaremos más y más hasta rozar esa distante estrellas con la propia punta de nuestros dedos... y ese sueño por fin se haya hecho realidad y podamos deslumbrar al mundo con la luz de nuestra estrella.
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domingo, 21 de febrero de 2010
martes, 2 de febrero de 2010
Mi pequeña Estrella

No recuerdo con exactitud la noche en la que esta tormenta, que aún no ha cesado, perturbó mi conciencia aparentemente tranquila. Sin embargo se me antoja más bien lejana.
Siguiendo mi diaria rutina, aquella noche, antes de de dormir, alcé la vista a mi firmamento para despedirme de mis queridas estrellas. Al principio dejé que la calidez de su luz me acariciara de forma agradable, después me dediqué a contemplar una vez más su exuberante belleza, de la que jamás me canso. Entonces una de mis brillantes estrellas parpadeó indicándome que ya debería estar en la cama. Mi madre siempre igual, como cualquier otra madre. Así pues, me elevé hacia cada una de las estrellas para darles un beso de buenas noches. La intensidad del afecto y el sentimiento que profesaba hacia ellas me permitían volar hasta alcanzarlas. Y entonces ocurrió.
Llegué hasta ti, mi querida estrella, y cual fue el horror al descubrir que no podía ni rozarte con la punta de los dedos… De nuevo sentí solidez bajo mis pies, alcé mi mirada hacia ti desesperadamente… Tú brillabas más que ninguna otra estrella… Era un resplandor totalmente distinto, desconocido, la más hermosa de las luces que me atraía como a un tonto mosquito. Intenté volar hacia ti hipnotizada, pero apenas conseguía dar un pequeño impulso que aumentaba mi frustración. Finalmente me di por vencida. ¿Por qué no podía alcanzarte?
Exasperada, me limite a observarte. Y descubrí que eras diferente a como yo te recordaba. Habías cambiado, los dos habíamos cambiado, crecido… ya no te reconocía. Sentía fascinación y repulsión al mismo tiempo, mi mente se nublaba cuando pensaba en tu brillante e hipnotizadora luz… Y ahora por culpa de esta desesperante confusión, no puedo alcanzarte de ninguna manera…
Desde entonces te observo como un Sol en mi firmamento y cada noche brillas más para mí, eclipsando incluso la luz de mis otras estrellas. Brillas, brillas y brillas suplicando que te mire, que te escuche decir que me quieres…
No respiro… la niebla envuelve mis sentidos y las lágrimas mis ojos. Y por enésima vez, trato de llegar hasta ti con todas mis fuerzas, pequeña estrella pareces tan cercana, pero estás tan distante… A pesar de ello, guardo la esperanza de que un día mis sentimientos hacia ti se pongan en orden y pueda alcanzarte de un modo u otro, y presiento que ese momento cada vez está más cerca.
Noelia
Siguiendo mi diaria rutina, aquella noche, antes de de dormir, alcé la vista a mi firmamento para despedirme de mis queridas estrellas. Al principio dejé que la calidez de su luz me acariciara de forma agradable, después me dediqué a contemplar una vez más su exuberante belleza, de la que jamás me canso. Entonces una de mis brillantes estrellas parpadeó indicándome que ya debería estar en la cama. Mi madre siempre igual, como cualquier otra madre. Así pues, me elevé hacia cada una de las estrellas para darles un beso de buenas noches. La intensidad del afecto y el sentimiento que profesaba hacia ellas me permitían volar hasta alcanzarlas. Y entonces ocurrió.
Llegué hasta ti, mi querida estrella, y cual fue el horror al descubrir que no podía ni rozarte con la punta de los dedos… De nuevo sentí solidez bajo mis pies, alcé mi mirada hacia ti desesperadamente… Tú brillabas más que ninguna otra estrella… Era un resplandor totalmente distinto, desconocido, la más hermosa de las luces que me atraía como a un tonto mosquito. Intenté volar hacia ti hipnotizada, pero apenas conseguía dar un pequeño impulso que aumentaba mi frustración. Finalmente me di por vencida. ¿Por qué no podía alcanzarte?
Exasperada, me limite a observarte. Y descubrí que eras diferente a como yo te recordaba. Habías cambiado, los dos habíamos cambiado, crecido… ya no te reconocía. Sentía fascinación y repulsión al mismo tiempo, mi mente se nublaba cuando pensaba en tu brillante e hipnotizadora luz… Y ahora por culpa de esta desesperante confusión, no puedo alcanzarte de ninguna manera…
Desde entonces te observo como un Sol en mi firmamento y cada noche brillas más para mí, eclipsando incluso la luz de mis otras estrellas. Brillas, brillas y brillas suplicando que te mire, que te escuche decir que me quieres…
No respiro… la niebla envuelve mis sentidos y las lágrimas mis ojos. Y por enésima vez, trato de llegar hasta ti con todas mis fuerzas, pequeña estrella pareces tan cercana, pero estás tan distante… A pesar de ello, guardo la esperanza de que un día mis sentimientos hacia ti se pongan en orden y pueda alcanzarte de un modo u otro, y presiento que ese momento cada vez está más cerca.
Noelia
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