Los soñadores siempre alzamos la vista al cielo cuando una ola de pensamientos nos invade. En nuestra mirada perdida se aprecia la ignorancia de los límites de lo posible...
Con nuestra mente somos capaces de alejarnos más allá del mundo, hasta llegar al lugar donde bailan las estrellas. Cada una de ellas es diferente. Las hay grandes y gloriosas, o pequeñas y simples, unas están más cercanas y otras son más difíciles de alcanzar.
Sí, los sueños son como las estrellas...
Es tan dificil alcanzarlos que a veces resultan irreales. Cada uno de nosotros sigue la luz de una estrella, muchas veces la misma representa más de un sueño distinto, y aunque los rayos del Sol la eclipsen durante el día sabemos que está ahí, esperándonos...
Por eso alzamos la vista al cielo. Cuando localizamos nuestra brillante estrella recordamos el sueño que habita en nuestros corazones.
Puede que parezca inalcanzable, pero poco a poco, a base de nuestra incesante lucha, nos acercaremos más y más hasta rozar esa distante estrellas con la propia punta de nuestros dedos... y ese sueño por fin se haya hecho realidad y podamos deslumbrar al mundo con la luz de nuestra estrella.
domingo, 21 de febrero de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
La canción del beso
Tu voz de oro en mi oído,
Entona un dulce cantar,
Susurros de viento y agua,
Sueños que vienen del mar.
Me envuelve tu melodía,
Se aleja la realidad,
Nuestros ojos se cierran
y corremos hacia el mar.
Un nuevo mundo florece,
De tu encantadora voz,
Donde los sueños no son sueños,
Sólo existimos tú y yo.
Cálidos ojos de bronce,
Su llama arde en mi interior,
Reflejan luz y ternura,
Y lo más grande, amor.
Tu aliento y tu mirada,
Tu caricia y tu vez,
Estremecen toda mi alma,
Hacen latir mi corazón.
Se aproximan tus labios,
En forma de un dulce beso,
Pero cesa la canción,
y se desvanece el sueño.
Mis párpados despiertan,
La más bella visión,
Tus ojos, tus labios,
y esa dulce expresión.
Se aproximan tus labios
en forma de un dulce beso,
Temo que se desvanezca,
Que se trate de otro sueño
Pero nuestros labios se unen,
Hermosa y dulce caricia,
Sin letras ni canciones,
Sin versos ni poesías.
Beso sellador y eterno,
beso entre el cielo y el mar,
Y es que los sueños no son sueños,
porque se hacen realidad.
Entona un dulce cantar,
Susurros de viento y agua,
Sueños que vienen del mar.
Me envuelve tu melodía,
Se aleja la realidad,
Nuestros ojos se cierran
y corremos hacia el mar.
Un nuevo mundo florece,
De tu encantadora voz,
Donde los sueños no son sueños,
Sólo existimos tú y yo.
Cálidos ojos de bronce,
Su llama arde en mi interior,
Reflejan luz y ternura,
Y lo más grande, amor.
Tu aliento y tu mirada,
Tu caricia y tu vez,
Estremecen toda mi alma,
Hacen latir mi corazón.
Se aproximan tus labios,
En forma de un dulce beso,
Pero cesa la canción,
y se desvanece el sueño.
Mis párpados despiertan,
La más bella visión,
Tus ojos, tus labios,
y esa dulce expresión.
Se aproximan tus labios
en forma de un dulce beso,
Temo que se desvanezca,
Que se trate de otro sueño
Pero nuestros labios se unen,
Hermosa y dulce caricia,
Sin letras ni canciones,
Sin versos ni poesías.
Beso sellador y eterno,
beso entre el cielo y el mar,
Y es que los sueños no son sueños,
porque se hacen realidad.
sábado, 6 de febrero de 2010
El Sueño

Miro hacia la tenue luz del alba que emerge de las olas del mar, la agradable y fresca brisa marina recorre mi ser, y siento que me eleva a lo más alto del cielo rosado y añil de la mañana, que marca el comienzo de un nuevo día. Un nuevo día de lucha. Siento unas tremendas ganas de escribir sin fin, versos que nunca antes haya escuchado nadie, párrafos que sorprendan al mundo… Todo lo que me rodea es poesía que me inspira, que me ayuda a no rendirme, las gaviotas que recorren los cielos, el sonido del romper de las olas, el agradable aroma del viento que acaricia mi rostro, la fina arena que se pega a mis pies, el reflejo de la luna en el agua apenas ya visible…
El viento, mi único acompañante me eleva hasta una algodonosa nube, su tacto es suave y acariciador. Entonces la pomposa masa comienza a moverse, y desde las alturas… veo mi mundo .Cinco elegantes y grandes pájaros me acompañan dispersos a ambos lados de la nube, como mis guardianes. Sus largas colas iluminan el cielo de diferentes colores con su fulgor, y las gentes levantan la vista ante semejante espectáculo. De repente noto que mi voz adquiere una potencia sobrenatural, las hermosas criaturas que me acompañan ríen alegres y me animan a gritar a todo el mundo, ahora que por fin me escuchan…ahora que por fin puedo llenarles el corazón con mis palabras…ahora que estoy preparada para demostrar quien soy, y lo que puedo hacer…
Una leve luz comienza a desenvolver la oscuridad en la que estoy sumida, me remuevo en el blando lugar en el que estoy reposando, ¿La blanca nube? Abro mis ojos y dejo que se acostumbren a la luz que se filtra por las persianas a medio bajar. Me incorporo y miro a mi alrededor, descubro que ya no es la nube lo que me sostiene, sino mi común cama de siempre.
Un sueño.
Un sueño…con mi sueño.
Me restriego los ojos y me decido a levantarme. Me aproximo a mi escritorio y me coloco mis simples gafas. Entonces veo algo sobre la mesa que atrae mi atención. Son algunos de mis escritos, de mis párrafos y mis versos desconocidos, revueltos desordenadamente. Y entre los papeles descubro una imagen, una fotografía de cinco personas a las que identifico inmediatamente… los pájaros de mi sueño.
Entonces comienzo a pensar, puede que hoy no, pero alguna mañana me despertaré, aunque no sea sobre una ligera nube, y verdaderamente estaré preparada… y mi sueño se habrá hecho realidad.
Abro la ventana y miro hacia la tenue luz del alba…sí, hoy es un nuevo día para luchar… Y los cinco magníficos pájaros que me dan fuerza para seguir escribiendo, ya revolotean a través de los cristales de mi ventana, a primera hora de la mañana…
El viento, mi único acompañante me eleva hasta una algodonosa nube, su tacto es suave y acariciador. Entonces la pomposa masa comienza a moverse, y desde las alturas… veo mi mundo .Cinco elegantes y grandes pájaros me acompañan dispersos a ambos lados de la nube, como mis guardianes. Sus largas colas iluminan el cielo de diferentes colores con su fulgor, y las gentes levantan la vista ante semejante espectáculo. De repente noto que mi voz adquiere una potencia sobrenatural, las hermosas criaturas que me acompañan ríen alegres y me animan a gritar a todo el mundo, ahora que por fin me escuchan…ahora que por fin puedo llenarles el corazón con mis palabras…ahora que estoy preparada para demostrar quien soy, y lo que puedo hacer…
Una leve luz comienza a desenvolver la oscuridad en la que estoy sumida, me remuevo en el blando lugar en el que estoy reposando, ¿La blanca nube? Abro mis ojos y dejo que se acostumbren a la luz que se filtra por las persianas a medio bajar. Me incorporo y miro a mi alrededor, descubro que ya no es la nube lo que me sostiene, sino mi común cama de siempre.
Un sueño.
Un sueño…con mi sueño.
Me restriego los ojos y me decido a levantarme. Me aproximo a mi escritorio y me coloco mis simples gafas. Entonces veo algo sobre la mesa que atrae mi atención. Son algunos de mis escritos, de mis párrafos y mis versos desconocidos, revueltos desordenadamente. Y entre los papeles descubro una imagen, una fotografía de cinco personas a las que identifico inmediatamente… los pájaros de mi sueño.
Entonces comienzo a pensar, puede que hoy no, pero alguna mañana me despertaré, aunque no sea sobre una ligera nube, y verdaderamente estaré preparada… y mi sueño se habrá hecho realidad.
Abro la ventana y miro hacia la tenue luz del alba…sí, hoy es un nuevo día para luchar… Y los cinco magníficos pájaros que me dan fuerza para seguir escribiendo, ya revolotean a través de los cristales de mi ventana, a primera hora de la mañana…
martes, 2 de febrero de 2010
Mi pequeña Estrella

No recuerdo con exactitud la noche en la que esta tormenta, que aún no ha cesado, perturbó mi conciencia aparentemente tranquila. Sin embargo se me antoja más bien lejana.
Siguiendo mi diaria rutina, aquella noche, antes de de dormir, alcé la vista a mi firmamento para despedirme de mis queridas estrellas. Al principio dejé que la calidez de su luz me acariciara de forma agradable, después me dediqué a contemplar una vez más su exuberante belleza, de la que jamás me canso. Entonces una de mis brillantes estrellas parpadeó indicándome que ya debería estar en la cama. Mi madre siempre igual, como cualquier otra madre. Así pues, me elevé hacia cada una de las estrellas para darles un beso de buenas noches. La intensidad del afecto y el sentimiento que profesaba hacia ellas me permitían volar hasta alcanzarlas. Y entonces ocurrió.
Llegué hasta ti, mi querida estrella, y cual fue el horror al descubrir que no podía ni rozarte con la punta de los dedos… De nuevo sentí solidez bajo mis pies, alcé mi mirada hacia ti desesperadamente… Tú brillabas más que ninguna otra estrella… Era un resplandor totalmente distinto, desconocido, la más hermosa de las luces que me atraía como a un tonto mosquito. Intenté volar hacia ti hipnotizada, pero apenas conseguía dar un pequeño impulso que aumentaba mi frustración. Finalmente me di por vencida. ¿Por qué no podía alcanzarte?
Exasperada, me limite a observarte. Y descubrí que eras diferente a como yo te recordaba. Habías cambiado, los dos habíamos cambiado, crecido… ya no te reconocía. Sentía fascinación y repulsión al mismo tiempo, mi mente se nublaba cuando pensaba en tu brillante e hipnotizadora luz… Y ahora por culpa de esta desesperante confusión, no puedo alcanzarte de ninguna manera…
Desde entonces te observo como un Sol en mi firmamento y cada noche brillas más para mí, eclipsando incluso la luz de mis otras estrellas. Brillas, brillas y brillas suplicando que te mire, que te escuche decir que me quieres…
No respiro… la niebla envuelve mis sentidos y las lágrimas mis ojos. Y por enésima vez, trato de llegar hasta ti con todas mis fuerzas, pequeña estrella pareces tan cercana, pero estás tan distante… A pesar de ello, guardo la esperanza de que un día mis sentimientos hacia ti se pongan en orden y pueda alcanzarte de un modo u otro, y presiento que ese momento cada vez está más cerca.
Noelia
Siguiendo mi diaria rutina, aquella noche, antes de de dormir, alcé la vista a mi firmamento para despedirme de mis queridas estrellas. Al principio dejé que la calidez de su luz me acariciara de forma agradable, después me dediqué a contemplar una vez más su exuberante belleza, de la que jamás me canso. Entonces una de mis brillantes estrellas parpadeó indicándome que ya debería estar en la cama. Mi madre siempre igual, como cualquier otra madre. Así pues, me elevé hacia cada una de las estrellas para darles un beso de buenas noches. La intensidad del afecto y el sentimiento que profesaba hacia ellas me permitían volar hasta alcanzarlas. Y entonces ocurrió.
Llegué hasta ti, mi querida estrella, y cual fue el horror al descubrir que no podía ni rozarte con la punta de los dedos… De nuevo sentí solidez bajo mis pies, alcé mi mirada hacia ti desesperadamente… Tú brillabas más que ninguna otra estrella… Era un resplandor totalmente distinto, desconocido, la más hermosa de las luces que me atraía como a un tonto mosquito. Intenté volar hacia ti hipnotizada, pero apenas conseguía dar un pequeño impulso que aumentaba mi frustración. Finalmente me di por vencida. ¿Por qué no podía alcanzarte?
Exasperada, me limite a observarte. Y descubrí que eras diferente a como yo te recordaba. Habías cambiado, los dos habíamos cambiado, crecido… ya no te reconocía. Sentía fascinación y repulsión al mismo tiempo, mi mente se nublaba cuando pensaba en tu brillante e hipnotizadora luz… Y ahora por culpa de esta desesperante confusión, no puedo alcanzarte de ninguna manera…
Desde entonces te observo como un Sol en mi firmamento y cada noche brillas más para mí, eclipsando incluso la luz de mis otras estrellas. Brillas, brillas y brillas suplicando que te mire, que te escuche decir que me quieres…
No respiro… la niebla envuelve mis sentidos y las lágrimas mis ojos. Y por enésima vez, trato de llegar hasta ti con todas mis fuerzas, pequeña estrella pareces tan cercana, pero estás tan distante… A pesar de ello, guardo la esperanza de que un día mis sentimientos hacia ti se pongan en orden y pueda alcanzarte de un modo u otro, y presiento que ese momento cada vez está más cerca.
Noelia
lunes, 1 de febrero de 2010
Gracias
Pequeña ave en el nido,
Es hora de extender tus alas,
Estás lista para volar,
Con tus plumas rosadas.
Has crecido y madurado,
Eres libre de elegir,
Has comprendido la vida,
¿Qué rumbo quieres seguir?
* * *
Doy cien gracias al mundo,
a esta vida le doy mil,
Aunque suyo no es el mérito,
Porque un millón son para ti.
Tú que me has protegido,
Me has enseñado a vivir,
Me has abierto los ojos,
Ante este mundo sin fin…
Me has enseñado a defender
el bien y la verdad,
Siempre me has apartado,
del mal y la oscuridad.
Tú me has dado paciencia,
Fuerza y seguridad,
Ardor y valentía,
Para no dejar de luchar.
Me has enseñado a columpiarme,
Al ritmo del feroz viento,
Para cabalgar con él
hasta el limpio firmamento.
Me has enseñado el valor
de nuestro humilde hogar,
La alegría ante la pena,
Y lo que importa de verdad.
La felicidad, las risas,
Las ganas de disfrutar,
Me han aportado tu sonrisa,
Y el deseo de soñar.
Me has enseñado a caminar
por complicados senderos,
Sin detener mis pasos,
E ignorando los peros.
A ti te debo lo que soy
y lo que seré mañana,
Pronto podré volar
con mis plumas rosadas.
Doy cien gracias al mundo,
A esta vida le doy mil,
Pero un millón y merecidas,
Son tan sólo para ti.
Es hora de extender tus alas,
Estás lista para volar,
Con tus plumas rosadas.
Has crecido y madurado,
Eres libre de elegir,
Has comprendido la vida,
¿Qué rumbo quieres seguir?
* * *
Doy cien gracias al mundo,
a esta vida le doy mil,
Aunque suyo no es el mérito,
Porque un millón son para ti.
Tú que me has protegido,
Me has enseñado a vivir,
Me has abierto los ojos,
Ante este mundo sin fin…
Me has enseñado a defender
el bien y la verdad,
Siempre me has apartado,
del mal y la oscuridad.
Tú me has dado paciencia,
Fuerza y seguridad,
Ardor y valentía,
Para no dejar de luchar.
Me has enseñado a columpiarme,
Al ritmo del feroz viento,
Para cabalgar con él
hasta el limpio firmamento.
Me has enseñado el valor
de nuestro humilde hogar,
La alegría ante la pena,
Y lo que importa de verdad.
La felicidad, las risas,
Las ganas de disfrutar,
Me han aportado tu sonrisa,
Y el deseo de soñar.
Me has enseñado a caminar
por complicados senderos,
Sin detener mis pasos,
E ignorando los peros.
A ti te debo lo que soy
y lo que seré mañana,
Pronto podré volar
con mis plumas rosadas.
Doy cien gracias al mundo,
A esta vida le doy mil,
Pero un millón y merecidas,
Son tan sólo para ti.
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