En un silencio de mi medianoche el hilo de Hipnos me descose las pestañas y despierto paulatinamente en las luces templadas de una nebulosa.
La noche gira y se desprende. Mi piel azul se descubre como el epicentro de los cuerpos perlados que crepitan en la esfera del universo.
De repente todo se desvanece. El sueño rehuye y mi consciencia transforma la luz sublime de mi nebulosa en el enfermizo tiritar de unas farolas.
La noche artificial se filtra por los agujeros de mi persiana.
Vuelvo a la cama decepcionada y espero a que Hipnos vuelva a coserme las pestañas, mientras me quema todavía el recuerdo de esa Belleza efímera de lo que parece y no es.
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